(Bs. As., Sala Martin Coronado 3/VI/2026). Invasiones I: no bombardeen Buenos Aires; relato basado en las canciones de Charly García. Idea, libro y dirección:Ricardo Hornos.Arreglos musicales: Murci Bouscayrol y Ricardo Hornos.Curaduría histórica:Felipe Pigna.Intérpretes: Elena Roger, Christian Alladio, Nath Aponte, Pablo Arias Garcia, Pamela Baigun, Carmela Barsamian, Facundo Basso, Juan Diego Bros y Matías Bruno, entre otros. Músicos en escena: Javier López Del Carril, Carlos Britez, Christine Brebes, Juan Bayón, Lisandro Etala, Francisco Paz y Octavio Estrin. Coreografía: Elizabeth de Chapeaurouge. Directora residente: Virginia Magnago. Dirección musical: Javier López Del Carril. Dirección vocal: Ana Carfi. Diseño de escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez. Diseño de vestuario: Graciela Galán. Diseño de iluminación: Matías Sendón. Diseño sonoro: Rodrigo Lavecchia. Diseño de video: Federico Luis Lamas y Johanna Wilhelm. Funciones: de miércoles a sábados, 20.30; domingos, 19.30. Nuestra calificación: buena
Entre las Invasiones Inglesas y Charly García existe una distancia de dos siglos. Ricardo Hornos intenta tender un puente entre ambos universos mediante un espectáculo de indudable ambición. La travesía, sin embargo, encuentra más éxito cuando se convierte en recital que cuando pretende ser relato histórico.
Porque más que una ópera rock sobre la Reconquista de Buenos Aires, la obra acaba funcionando como un extenso y apasionado tributo escénico a Charly García.
Y allí reside tanto su principal fortaleza como su mayor debilidad.
La gran triunfadora de la noche es, sin discusión, Elena Roger. La artista despliega durante noventa minutos una verdadera exhibición de oficio, talento y resistencia escénica. Su interpretación atraviesa nada menos que cincuenta y dos canciones del repertorio de García, transitando registros emocionales diversos, transformándose vocal y corporalmente según las necesidades de cada tema.
Roger demuestra una vez más por qué es una de las grandes figuras internacionales surgidas del teatro musical argentino. Camaleónica, intensa y dueña de una presencia magnética, sostiene prácticamente sola el peso dramático de la representación. Su entrega es absoluta y su compromiso artístico resulta admirable.
Sin embargo, cuando el espectador intenta aferrarse a una historia concreta, comienzan las dificultades.

La dramaturgia aparece fragmentada, difusa, apenas sugerida. Los personajes históricos —Sobremonte, Beresford, Pueyrredón, Liniers y otras figuras de la época colonial— desfilan por escena como ilustraciones animadas de un manual escolar. Sus intervenciones rara vez alcanzan profundidad dramática y quedan reducidas a pinceladas que no terminan de construir personajes complejos ni conflictos reconocibles.
Paradójicamente, Elena Roger termina ocupando un lugar revolucionario dentro de la estructura del espectáculo. Ya no parece encarnar un personaje determinado sino convertirse en una suerte de alter ego escénico de Charly García. El relato histórico queda relegado a un segundo plano, absorbido por la fuerza omnipresente de las canciones.
La consecuencia es clara: la historia deja de conducir la música y es la música la que termina devorando la historia.
El espectáculo se transforma entonces en una sucesión continua de números musicales donde los temas de García se encadenan unos con otros en una especie de gigantesco videoclip teatral. Los coreutas y bailarines acompañan esta construcción con imágenes, movimientos y referencias históricas que intentan aportar contexto narrativo. Sin embargo, en numerosos momentos la sensación es la de asistir a una serie de videoclips conectados por una idea general antes que a una verdadera obra dramática.
Debe reconocerse que la producción apuesta fuerte. Más de treinta artistas en escena participan de un dispositivo que incluye músicos en vivo, un importante despliegue técnico y un elenco integrado por intérpretes de sólida trayectoria como Christian Alladio, Alan Madanes, Agustín Pérez Costa, Federico Salles, Pedro Vega, Juan Martín Delgado, Violeta Socas y Carmela Barsamian, entre otros.
La coreografía de Elizabeth de Chapeaurouge aporta dinamismo constante a una escena que prácticamente no se detiene, mientras que la dirección musical de Javier López Del Carril sostiene con solvencia un entramado sonoro particularmente complejo. La banda ubicada en el foso responde con precisión y profesionalismo, constituyéndose en uno de los puntos más sólidos de toda la propuesta.
Sin embargo, sorprende que una producción de semejante magnitud no aproveche plenamente las posibilidades técnicas que ofrece la Sala Martín Coronado. La utilización de practicables desplazados manualmente y a la vista del público genera una imagen visual básica, casi artesanal, que contrasta con la sofisticación tecnológica disponible en el espacio. Lo que podría haber alcanzado una dimensión visual impactante termina resolviéndose mediante recursos funcionales pero escasamente imaginativos.
La obra ha sido presentada en algunos ámbitos como una ópera rock. Este crítico encuentra difícil aceptar dicha definición.

La ópera rock, por naturaleza, supone una estructura narrativa continua donde música y dramaturgia avanzan juntas. Obras paradigmáticas del género construyen personajes, conflictos y progresiones dramáticas a través de la música. En Invasiones I, por el contrario, la acumulación de canciones no siempre genera una unidad narrativa reconocible. Existe una formidable sucesión musical, pero la dramaturgia rara vez consigue articularse con igual eficacia.
Y aquí aparece la gran contradicción de la propuesta. Porque aquello que limita su eficacia teatral es exactamente lo que puede convertirla en una experiencia fascinante para otro público.
Quien llegue buscando una historia sólida, personajes desarrollados y una construcción dramática consistente probablemente experimente frustración. Quien acuda esperando escuchar una selección monumental del repertorio de Charly García interpretada por una artista excepcional encontrará exactamente aquello que vino a buscar.
Resulta paradójico que una producción respaldada por importantes recursos humanos, técnicos y artísticos termine dejando en segundo plano el acontecimiento histórico que pretende narrar. Al finalizar la función, el espectador difícilmente recuerde los conflictos de Sobremonte, las estrategias de Liniers o la presencia de Beresford. Lo que permanece es la figura de Elena Roger atravesando heroicamente un maratón musical de noventa minutos y cincuenta y dos canciones.
En definitiva, Invasiones I. No bombardeen Buenos Aires no termina de convertirse en la gran ópera rock histórica que promete ser. Pero sí consigue funcionar como un fervoroso homenaje escénico al universo de Charly García. Y dependiendo de qué busque cada espectador, eso puede ser una limitación o una virtud.
«Mire, si usted viene esperando una clase magistral sobre las Invasiones Inglesas, traiga también un profesor de historia porque acá lo va a necesitar. Ahora bien, si quiere escuchar cincuenta y dos canciones de Charly García cantadas por una Elena Roger que parece funcionar con energía nuclear, entonces compre la entrada sin dudar. Sobremonte, Liniers, Beresford y Pueyrredón hacen lo que pueden. Pero la verdadera reconquista de Buenos Aires la realiza Charly. Y encima sin desembarcar de ningún barco inglés.» (Dr. Merengue)
