(Bs.As, Teatro El Nacional Sancor Seguros, 1/VI/2026). Sottovoce, nadie puede guardar un secreto. Autores: Mariano Pensotti y Adrián Suar. Elenco: Fernán Mirás, Carla Peterson, Adrián Suar y Lorena Vega. Diseño de vestuario: Sofía Di Nunzio. Diseño de escenografía: Mariana Tirantte. Música original: Diego Vainer. Diseño de iluminación: Matías Sendón. Efectos sonoros: Diego Vainer. Producción general: Preludio Producciones y Adrián Suar. Dirección: Mariano Pensotti. Sala: El Nacional Sancor Seguros (Avda. Corrientes 960). Funciones: jueves, a las 20; viernes, a las 20:30; sábados y domingos, a las 20 y 22:30; domingos, a las 19:30. Nuestra calificación: muy buena
En tiempos donde buena parte del teatro parece obsesionado con el impacto inmediato, las pantallas gigantes, los efectos y las puestas que muchas veces confunden espectacularidad con profundidad, resulta refrescante encontrarse con una obra como Sottovoce, que apuesta por algo mucho más complejo: confiar en la palabra, en los actores y en la inteligencia del espectador.
La nueva comedia Sottovoce, escrita por Mariano Pensotti y Adrián Suar, parte de una premisa conocida: una familia empresaria al borde de una operación millonaria donde las lealtades, las ambiciones y los secretos terminan aflorando. Sin embargo, lo verdaderamente interesante no reside tanto en el qué sucede sino en el cómo sucede. La obra encuentra su mejor terreno en ese espacio ambiguo donde la comedia se vuelve incómoda y donde cada carcajada deja una leve sensación de inquietud.
Desde su mismo título, la propuesta anuncia sus intenciones. «Sottovoce» significa hablar en voz baja, casi como un susurro. Y es precisamente en ese territorio donde transita la obra: el de las verdades que nadie quiere escuchar, los secretos familiares cuidadosamente guardados y las emociones que intentan permanecer ocultas bajo una superficie de aparente normalidad.
La dramaturgia se construye sobre una estructura sólida y eficaz. El texto avanza mediante capas sucesivas de información que van revelando las verdaderas motivaciones de los personajes. Lo hace con diálogos ágiles, naturales y cuidadosamente elaborados, evitando caer en el lugar común de la comedia televisiva para buscar una profundidad emocional que enriquece constantemente el desarrollo dramático.
Hay humor, por supuesto, pero no es un humor de remate fácil. Surge de las situaciones, de las contradicciones humanas y de la incapacidad de los personajes para decir aquello que realmente sienten. Allí radica uno de los principales aciertos de la escritura: comprender que la comedia puede ser mucho más efectiva cuando nace de la verdad que cuando persigue desesperadamente la carcajada.
El elenco responde con creces a las exigencias del material.
Adrián Suar demuestra una vez más que detrás de la popularidad existe un actor de oficio, capaz de construir un personaje lleno de matices. Su trabajo encuentra el equilibrio entre la comedia y el drama, administrando con inteligencia cada una de sus intervenciones.
Carla Peterson aporta una presencia escénica luminosa. Su dominio del ritmo teatral es admirable y logra construir un personaje complejo, sensible y profundamente humano. Posee además una rara capacidad para transformar una simple réplica en un momento significativo.
Fernán Mirás entrega posiblemente la composición más rica del conjunto. Su personaje parece esconder siempre algo más de lo que muestra y el actor aprovecha esa ambigüedad para construir una figura fascinante, cargada de tensiones internas.
Lorena Vega confirma, una vez más, su enorme talento. Dueña de una precisión interpretativa extraordinaria, consigue que cada gesto, cada silencio y cada mirada tengan peso dramático. Su presencia escénica se impone sin necesidad de subrayados.
La propuesta escénica constituye uno de los mayores aciertos de la producción. La escenografía de Mariana Tirantte apuesta por espacios de apariencia realista pero organizados con una dinámica casi cinematográfica que facilita las transiciones y mantiene permanentemente el flujo narrativo. Los cambios de escena se integran naturalmente al desarrollo dramático, evitando interrupciones y favoreciendo una narración ágil y envolvente.
La iluminación de Matías Sendón trabaja sobre las emociones antes que sobre los espacios físicos. Más que delimitar ambientes, construye estados de ánimo, acompañando con sutileza las transformaciones internas de los personajes. A ello se suma la música original de Diego Vainer, que acompaña sin imponerse, creando climas de discreta tensión que potencian aquello que circula por debajo de las palabras.
La puesta posee además una ambición visual poco frecuente dentro de la comedia comercial argentina reciente. Existe una búsqueda de espectacularidad que nunca deriva en artificio vacío ni en mero despliegue tecnológico. Por el contrario, cada recurso visual parece estar al servicio de la historia, contribuyendo a sostener la sensación de que ese conflicto familiar privado tiene consecuencias mucho más profundas y trascendentes de lo que inicialmente parece.
Pero quizás el mayor mérito de la puesta sea entender que el verdadero espectáculo está en los vínculos humanos. No hay artificio capaz de competir con una buena escena interpretada por grandes actores. Y Sottovoce parece comprenderlo perfectamente.
Al finalizar la función, uno tiene la sensación de haber asistido a una obra que no pretende reinventar el teatro ni formular grandes manifiestos artísticos. Su ambición es más noble: contar una historia con honestidad, inteligencia y sensibilidad.
Y lo consigue.
EL DR. MERENGUE OPINA
—A ver, digámoslo sin tanta diplomacia. La obra tiene algo que hoy parece revolucionario: está escrita para actores y no para escenografías que cuestan más que un departamento en Puerto Madero.
Los cuatro intérpretes funcionan como un mecanismo de precisión. Nadie intenta robarse la función. Nadie sobreactúa. Nadie parece estar pensando en el próximo video viral para las redes sociales. Y eso, querido lector, ya es casi un milagro contemporáneo.
Además, Pensotti y Suar tuvieron la inteligencia de no caer en la tentación de fabricar una máquina de chistes. Prefirieron construir personajes. Y cuando los personajes están bien escritos, el humor aparece solo.
Mientras algunos espectáculos actuales parecen una mezcla de conferencia motivacional, plataforma de streaming y parque temático multimedia, aquí todavía encontramos algo tan antiguo como efectivo: actores, texto y conflicto.
Parece poco. En realidad, es muchísimo.

