domingo, 9 de agosto de 2026
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Una tarde con Michael Fabiano (III)

LECTURA RECOMENDADA

La verdad, la libertad y el futuro de la ópera

La verdad de decir quién soy

La conversación vuelve a cambiar de rumbo. Sin solemnidad. Sin anuncios. Como ocurre en las buenas charlas de café.

Hablamos de Hollywood, de los cambios culturales y de lo que significa asumir públicamente la propia identidad en un mundo donde todavía sobreviven viejos prejuicios.

Le pregunto si alguna vez sintió que decir que era gay podía perjudicar su carrera.

La respuesta llega inmediata. —Fue mucho más fácil decírselo a mi familia que al mundo de la ópera.

Hace una pausa. No hay resentimiento en sus palabras. Hay memoria.

—Hace diez años mucha gente me aconsejaba que no lo dijera. Pensaban que el público no aceptaría ver a un tenor romántico si sabía que era gay.

La frase queda flotando unos segundos. Es una realidad incómoda. Durante décadas la ópera, un universo lleno de libertad artística, convivió con prejuicios silenciosos detrás del escenario.

Fabiano nunca levanta la voz. No acusa. Simplemente cuenta.

—Yo no creo en esos estereotipos.

Después sonríe.

—Soy un hombre. Punto.

La sencillez con la que pronuncia esas cuatro palabras tiene más fuerza que cualquier discurso militante. No necesita justificar quién es. No necesita pedir permiso. No necesita construir un personaje. Y quizá por eso transmite tanta serenidad.

La conversación deriva hacia otros artistas que decidieron vivir con la misma honestidad.

Hablamos de nuevas generaciones, de una industria que lentamente comienza a cambiar y de un público que, afortunadamente, parece valorar cada vez más la autenticidad.

Mientras lo escucho pienso que esa coherencia también explica su manera de cantar.

No interpreta héroes. Los habita. Porque antes aprendió a habitarse a sí mismo.

La ópera no está muriendo

Hay una frase que Michael pronuncia con una convicción absoluta.

—La ópera no está muriendo.

No lo dice como una expresión de deseo.

Lo afirma como quien observa el escenario desde adentro. Le pregunto entonces por qué tantas veces se escucha que la lírica atraviesa una crisis. Niega con la cabeza.

—Estamos viviendo un cambio. Nada más.

Explica que cada generación compara a los artistas actuales con los gigantes del pasado. Es inevitable. Pero también injusto.

—Cuando apareció una nueva generación también comparaban a esos cantantes con los anteriores.

Hoy sucede exactamente lo mismo. La diferencia, explica, está en el mundo que les toca vivir.

Las redes sociales. Las transmisiones en alta definición. Las cámaras a pocos centímetros del rostro. Los micrófonos. Los teléfonos celulares grabándolo absolutamente todo.

Michael Fabiano / Photos by Jiyang Chen

—Antes un cantante cruzaba el océano en barco y permanecía cuatro meses en un teatro. Tenía tiempo para estudiar, para vivir el personaje, para descansar.

Hoy todo ocurre a una velocidad vertiginosa.

Un teatro. Un avión. Otro ensayo. Otro continente. Otra producción. Y otra vez comenzar.

—La gente cree que es el mismo mundo.  Pero no lo es.

La conversación deriva inevitablemente hacia las puestas contemporáneas. Aquí aparece el Fabiano más frontal.

No cuestiona la innovación. Cuestiona la falta de sentido. —Si una producción rompe la conexión entre el cantante y el público… fracasa. La frase resume toda su filosofía artística.

Para él, el espectador no compra una entrada para admirar un decorado. Va al teatro buscando algo mucho más profundo. —La gente viene para resolver algo dentro de sí misma. La música puede hacerlo.

Una voz puede hacerlo. Un artista puede hacerlo. Una escenografía, por sí sola, jamás.

Mientras habla pienso que esa idea atraviesa toda la entrevista desde el primer minuto. Para Michael Fabiano la ópera sigue viva precisamente porque sigue hablando del ser humano.

Y mientras exista un ser humano dispuesto a emocionarse, la ópera tendrá futuro.

El arte como servicio

La tarde comienza a despedirse. Las tazas ya están vacías. La Coca-Cola hace rato dejó de tener gas.

Pero Michael Fabiano continúa hablando con la misma intensidad con la que empezó la conversación. Le pregunto qué viene después.

No piensa solamente en nuevos personajes. Ni en nuevos teatros. Habla de escribir. De publicar su libro. De ofrecer conferencias. De volar más.

Y entonces vuelve a aparecer la aviación.

Como si todo terminara exactamente donde había comenzado.

—Pilotear me enseñó una cosa muy importante. Cuando vuelo solamente puedo estar con el avión. No existe otra cosa.

Después sonríe.

—Eso también me enseñó a cantar. El círculo se cierra.

Comprendo entonces que toda la conversación estuvo atravesada por una misma idea.

La responsabilidad. Responsabilidad con la voz. Con el público. Con uno mismo.

Antes de despedirnos le pregunto, casi como un juego, de qué signo es.

—Tauro. 8 de mayo.

Nos reímos.

Ya no estamos hablando un tenor y un periodista. Simplemente dos personas compartiendo una sobremesa.

Mientras guarda lentamente sus cosas recuerdo una frase que había pronunciado casi al comienzo de la entrevista.

«Mi obligación no es servirme de la música. Mi obligación es servir al compositor.

Si sirvo al compositor… el público también estará servido.»

Quizá esa sea la definición más exacta de Michael Fabiano.

No entiende el canto como una demostración de virtuosismo. Lo entiende como un acto de servicio. Tal vez por eso no cree en los divos.

Tal vez por eso sigue estudiando cada día como si todavía fuera aquel muchacho de dieciocho años que llegó a la Universidad de Michigan convencido de que iba a estudiar negocios.

Y terminó descubriendo que la vida le había reservado otro destino.

Mucho antes de despedirnos, mientras caminábamos hacia la salida, volvió a repetirme una idea que ya había dicho durante la charla.

No habló de éxito. No habló de fama. No habló de ovaciones. Habló, simplemente, de verdad. Y comprendí que, para Michael Fabiano, todas las rutas —las del aire, las del escenario y las de la vida— terminan conduciendo exactamente al mismo lugar. A la honestidad.

Porque sólo desde allí puede nacer el verdadero arte.

 

Photos by Jiyang Chen

Más entrevista a personajes de la cultura  en https://bybattaglia.com/

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