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Tres hombres de bien, de Andrea Bauab … Cuando algo “huele mal” en el poder…. Sala Cortazar (Paseo La Plaza)

LECTURA RECOMENDADA

“Tres hombres de bien”, la exitosa obra de Andrea Bauab, está nuevamente en la cartelera teatral de Buenos Aires.  Luego de su estreno en 2009 (cuando estuvo en cartel por 18 meses), haber sido presentada en festivales internacionales y estrenada en Estados Unidos, Puerto Rico, Francia e Israel (con el título “Silencio que truena”), ahora podemos verla nuevamente en Buenos Aires, en la Sala Cortázar del Complejo La Plaza, de la calle Corrientes 1660-

Esta nueva versión nos demuestra que el texto de Bauab no ha perdido vigencia; al contrario, se ha potenciado.  Vivimos tiempos en que la corrupción y la “falta de palabra” ya se muestran abierta y descaradamente, sin pudores.  Es así como cinco personajes claramente delineados nos presentan tanto la búsqueda de la justicia como la obstrucción de la misma (ocultando hechos o tergiversándolas, creando falsas pruebas, para “no manchar” a figuras del poder).  Pero también la ambición por el dinero, al presentar testimonios ocultos del delito no con el espíritu de que se haga justicia, sino simplemente a cambio de una determinada suma de dinero.

¿Cuál es la problemática planteada? Un juez, de impecable trayectoria, se presenta como candidato a elecciones para gobernador, secundado por un prestigioso médico, además destacado por su honestidad.  El triunfo en las urnas les permite acceder al poder… y se unirá a ellos un reconocido periodista.  Hasta esos momentos los tres personajes eran reconocidos por su honestidad.  Pero un trágico hecho mostrará otro aspecto… Un niño de 8 años paseando en bicicleta a la vista de su madre por una plaza muere al ser atropellado por un vehículo conducido por un menor en estado de ebriedad, quien huye.  Un solo testigo (quien luego desaparece) asiste al niño y a la desconsolada madre.

Será precisamente la madre del niño muerto quien buscará justicia para su hijo… y en ese duro peregrinar llegará hasta el juez (elegido gobernador) pidiendo que se busque y castigue al culpable.  Y esto es el detonante del conflicto, pues los tres personajes (ex juez, ex médico y ex periodista) están directa o indirectamente vinculados al hecho delictivo, y deciden encubrir la identidad del asesino.  Contrapunto de la desesperada madre es la ambiciosa mujer del periodista, cuyo accionar será relevante en la trama. 

Sin dudas, un planteo que pone a los personajes que detentan el poder en una encrucijada moral. Es más, ¿qué haría cada espectador ante esas situaciones que los personajes viven en el escenario? (muy válido el recurso de interpelar a algunos espectadores en este sentido, que realiza el ex juez).  Porque esa encrucijada moral nos pone frente a planteos de justicia, de valores, de cumplimiento del deber….pero también ante la corrupción con sus diversos artilugios para escapar del castigo.

El Poder…, siempre el Poder,  ¿cambia a la gente?  No, la muestra como es. Y lamentablemente ese poder (no sólo el poder político) garantiza en muchos casos la impunidad.  ¿Es posible entonces “pedir y lograr justicia” cuando no se está encaramado al Poder y sus vínculos?, ¿qué valor termina teniendo la honestidad, la palabra compromentida (la “palabra de honor”)…?   ¿Puede la sociedad aceptar la corrupción de sus dirigentes, sólo por el hecho de que supuestamente hacen “lo correcto” en su función?  Pero por otro lado, esos dirigentes ¿no son los emergentes de una sociedad que, en gran parte actúa de la misma manera, aunque sea en casos pequeños o banales, pero no por ello dejan de ser acciones incorrectas?

Todos estos (y otros más) interrogantes nos planteamos los espectadores al ver corporizado en escena el rico texto de Andrea Bauab, en este caso con la dirección de Marcelo Salguero y Claudio Salama. El elenco está conformado en esta oportunidad por Claudio Salama (juez), Freddy Duer (médico), Sergio Theaux (periodista), Victoria Aragón (la madre) y Giselle Acosta (esposa del periodista); todos ellos encarnando con profesionalismo y credibilidad a sus personajes, respondiendo a personalidades tan distintas.  Tal vez algunas actuaciones se hacen en determinados momentos muy exacerbadas, seguramente siguiendo las marcaciones de la dirección.  Pero esto no quita lo meritorio de los trabajos actorales.

Bienvenido pues este regreso de “Tres hombres de bien” a Buenos Aires.  Teatro de calidad y de reflexión.

Sólo cerraría este comentario parafraseando al centinela Marcelo en el comienzo del primer acto de Hamlet, de Shakespeare:  “Algo huele mal no sólo en Dinamarca”.

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