(Bs.Aires, 24/VIII/2026) Temporada Mozarteum Argentino 2026 .Beyond. Recital de Jakub Józef Orlinski (contratenor) junto a Il Pomo d’Oro. Programa: arias de Monteverdi, Caccini, Frescobaldi, Barbara Strozzi, Cavalli, Giovanni Cesare Netti, Sartorio y Sebastiano Moratelli; instrumentales de Biagio Marini, Johann Caspar Kerll, Carlo Pallavicino y Adam Jarzebski. Sala: Teatro Colón de Buenos Aires.
¿Acabamos de asistir al futuro de la lírica o a una formidable campaña de marketing con música barroca de fondo? La pregunta queda flotando en el aire del Colón después de Beyond, el espectáculo con el que Jakub Józef Orliński llegó a Buenos Aires acompañado por Il Pomo d’Oro. Y lo incómodo —para quienes todavía creen que un recital barroco debe parecerse necesariamente a una estampita del siglo XVII— es que la respuesta puede ser: un poco de ambas cosas.
Orliński no se limita a cantar. Construye una marca, un personaje, un cuerpo escénico y una experiencia. Y lo hace con una inteligencia que sería injusto reducir a una operación publicitaria. Porque debajo de la capa, de las luces portátiles, de las caminatas por la penumbra y, sí, de ese inesperado breakdance en pleno Seicento, hay un cantante de extraordinarios recursos.
El problema —y también la fascinación— es que el espectáculo a veces parece saber demasiado bien que está siendo espectáculo.
Desde E pur io torno qui, de L’incoronazione di Poppea de Monteverdi, Orliński deja claro que no ha venido al Colón a demostrar únicamente que puede llenar una sala con abdominales y redes sociales.
Su instrumento posee calidez, homogeneidad y una notable capacidad para graduar el sonido, especialmente en los momentos de mayor intimidad. El registro de alto aparece dúctil, elegante y extraordinariamente maleable. Hay una inteligencia musical evidente en la utilización de la dinámica y una comprensión del repertorio que evita convertir la coloratura en una simple competencia olímpica de notas por segundo.

En Amarilli, mia bella, de Caccini, el cantante encuentra uno de los mejores momentos de la noche: intimidad, transparencia y una línea vocal sostenida con verdadero refinamiento. La intervención del arpa de Margherita Burattini contribuye decisivamente a esa atmósfera de cámara.
En Frescobaldi, con Così mi disprezzate, aparece el otro Orliński: el virtuoso. Pero incluso allí la pirotecnia no está completamente divorciada de la expresión. La coloratura tiene intención dramática y no solamente función ornamental.
Y eso es importante: porque si Orliński fuera solamente un excelente producto audiovisual, Beyond sería un videoclip de dos horas con instrumentos antiguos. No lo es.
Y ENTONCES APARECE EL BREAKEDANCE
Aquí es donde se empieza a sospechar. Todo iba razonablemente bien: Monteverdi, Caccini, Frescobaldi, Strozzi, Pallavicino… el Seicento respiraba solemnemente en el Colón.
Hasta que, durante la sinfonía de Demetrio de Pallavicino, Orliński se puso a bailar breakdance. Sí. Breakdance. En el Teatro Colón. Con música barroca.
El gesto es tan improbable que, por un instante, uno sospecha que Händel puede levantarse de la tumba para pedir explicaciones.
Pero sería demasiado sencillo burlarse. La operación tiene una lógica: Orliński intenta demostrar que el cuerpo barroco no tiene por qué ser un cuerpo de museo. Que el movimiento, la danza y la música popular pueden dialogar con la música antigua. Y que un contratenor no tiene por qué permanecer congelado en el centro del escenario como si estuviera esperando que alguien le colocara una aureola.

El concepto funciona. A veces. Otras veces parece simplemente decir: “Miren, también sé hacer esto”. Y ahí está la frontera entre renovación y marketing.
EL Teatro Colón como dispositivo inmersivo
Otro de los recursos más eficaces es el uso de pequeñas fuentes de luz mientras Orliński se desplaza por la oscuridad en L’amante consolato de Strozzi.
El procedimiento es sencillo, pero teatralmente inteligente: desarma la arquitectura tradicional del recital y convierte al público en espectador de una experiencia escénica. El Colón deja de ser por momentos una sala monumental y se transforma en espacio de intimidad.
Ahí Orliński entiende algo que buena parte de la lírica contemporánea todavía se niega a aceptar: el público actual no necesariamente rechaza la música antigua; rechaza que se la presente como si todavía viviéramos en 1978.
En Quanto più la donna invecchia, de Netti, aparece el costado más histriónico. La capa convertida en velo, el fraseo exagerado y el gesto casi caricaturesco revelan a un artista que entiende que el Barroco también fue teatro, exageración, artificio, erotismo y comicidad.
No hay que olvidar que aquellos compositores no escribían música para vitrinas. Es decir: si alguien cree que el breakdance es demasiado moderno para el Barroco, convendría recordarle que el Barroco tampoco era precisamente el reino de la discreción.
Il POMO D’ORO: LA VERDADERA COLUMNA VERTEBRAL
Si Orliński es el rostro de Beyond, Il Pomo d’Oro es su columna vertebral. El ensamble ofrece una lectura de enorme precisión estilística, con una paleta tímbrica variada y una capacidad notable para acompañar sin convertirse en mero decorado sonoro.
El diálogo entre instrumentos y voz alcanza su mejor síntesis en Lungi dai nostri cor de Moratelli, donde la relación entre el contratenor y el conjunto deja de ser acompañamiento para convertirse en verdadera conversación musical.
Y allí aparece la razón principal por la que el espectáculo merece sus cuatro estrellas: cuando desaparece el marketing, queda música. Y la música es extraordinaria.

VEREDICTO
Beyond es un espectáculo inteligente, sofisticado y extraordinariamente eficaz. ¿Es una renovación de la lírica? Sí. ¿Es también una operación de posicionamiento de marca perfectamente calculada? Por supuesto. ¿Hay momentos en que uno quisiera pedirle a Orliński que deje de demostrarnos que sabe bailar y simplemente vuelva a cantar? También. Pero sería injusto negar que el marketing aquí está respaldado por talento real.
Orliński comprende que el contratenor ya no tiene por qué ser presentado como una rareza vocal para especialistas. Puede ser estrella pop, performer, bailarín, actor y músico sin renunciar necesariamente a la excelencia. El riesgo está en que algún día el envoltorio termine siendo más importante que el regalo.
Esta vez no ocurrió. Esta vez, debajo de las luces portátiles, las piruetas, la capa, los guiños pop y el barroco convertido en espectáculo inmersivo, había un gran cantante y un magnífico ensamble haciendo música de verdad.
Cuatro estrellas: no porque el Barroco necesite bailar para sobrevivir. Sino porque, aparentemente, todavía puede hacerlo sin perder la música en el camino.
Encores: I. Giovanni Antonio Boretti, «Chi scherza con Amor» de Eliogabalo, II. Francesco Cavalli, «Lucidissima face» de La Calisto, III. Giuseppe Maria Orlandini, «Che m’ami ti prega» de Nerone, IV. Antonio Sartorio, «La certezza di tua fede» de Antonino e Pompeiano
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