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LAPONIA, obra de Angelet -Clemente… Entre la magia,  la razón… y la vida …(Nuevo estreno Teatro Picadero)

LECTURA RECOMENDADA

¿Magia o Razón?, ¿la magia es Mentira…, la razón conlleva en sí la Verdad?,  ¿se puede convivir creyendo en ambas…?, ¿cuán frustrante es descubrir que la Magia no existe?,  ¿estamos condicionados como sociedad a hacer prevalecer en nosotros el predominio de un pensamiento mágico o uno racional?.  Obviamente se trata de cuestiones no banales y que en algunos momentos de nuestras vidas ha sido inevitable plantearse.  Pero estos planteos (y muchos otros) no tienen por qué ser exclusivamente analizados en paneles de psicólogos, filósofos, desde un punto de vista erudito…  el teatro (reflejo de la vida) nos los puede mostrar (y lo ha hecho en Occidente desde la Grecia clásica), tanto en dramas como comedias, para provocar el goce estético del espectador pero también la reflexión.

Y esto es lo que ocurre en la obra que nos ocupa.  Acaba de estrenarse en Buenos Aires, en la sala del Teatro Picadero, “Laponia” comedia de los españoles Cristina Clemente y Marc Angelet, éxito en su momento en Barcelona; aquí con dirección de Nelson Valente.

Dos matrimonios se encuentran en Laponia, residencia de uno de ellos, para festejar la Navidad, precisamente en las tierras de Papá Noel y de las auroras boreales.  Se trata de Mónica y Germán, que viven en Argentina y que viajan allí con su hijo Martín de cinco años a visitar a Ana (hermana de Mónica), su esposo finlandés Olavi y su hija Aina de cuatro años y medio de edad (los niños nunca están en escena…)

Al “levantarse el telón”, los cuatro adultos están en la calidez del interior de una casa, pero la tensión ya se manifiesta, pues el conflicto se generó a partir de una “conversación” que los niños habían tenido esa tarde, la cual llevó a un enfrentamiento entre los dos matrimonios en cuanto a las “consecuencias” de ese diálogo infantil entre los primos.  El planteo inicial se centra pues en el valor de la Magia como un elemento más en la vivencia de un niño (postura que defiende a ultranza Mónica), o la necesidad de educar a partir de la absoluta realidad lógica, como sostiene Olavi.  Ambos son los que sostienen sus posturas más radicalizadas,  generándose interesantes contrapuntos verbales para nada exentos de humor y sarcasmo, y buscando el aval de sus respectivas parejas.  Es interesante ver cuán importantes son las influencias culturales, representadas por la sociedad escandinava y la latina (española en el texto original, argentina en  este caso).

 Pero esta dialéctica sobre el tema central, a medida que se profundiza, va haciendo surgir otros puntos ocultos y conflictivos tanto individuales en los cuatro personajes, como de pareja y familiares (falta de diálogo, ocultamientos, frustraciones…).  Y de allí en más, la situación en esa noche navideña será especial.

Si bien las situaciones son distintas, el reencuentro de estos dos matrimonios, con lazos familiares entre ellos, hizo a quien esto escribe recordar a un clásico de nuestra dramaturgia, en la que buena parte de una generación (y también las sucesivas) se vio reflejada:  la notable “Made in Lanús” de Nelly Fernández Tiscornia, con su carga dramática y aquellos primeros cuatro notables actores que dieron vida a los personajes.

En el caso que nos ocupa, hacían falta comediantes de fuste para encarnar  a los personajes, y los cuatro elegidos cumplen con creces esa condición.  Laura Oliva (en el  rol de Mónica), Jorge Suárez (Olavi, el escandinavo), Héctor Díaz (Germán, esposo de Mónica) y Paula Ransenberg  (esposa de Olavi y hermana de Mónica).  Ellos hacen que los personajes sean creíbles y que terminen siendo, cada uno a su manera, entrañables…

Sin dudas esto es uno de los logros del director Nelson Valente, que impuso un ritmo exacto en toda la puesta.  Este año ya habíamos visto su puesta de Los Perros, en su doble rol de director y dramaturgo…. Su interés en las relaciones interpersonales es sin lugar a dudas uno de los puntos que le atraen para proponerlos teatralmente.  

Muy interesante y funcional la escenografía de Rodrigo González Garrillo.  La adaptación corrió por cuenta de Ignacio Gómez Bustamante.

En definitiva, otra buena propuesta en el variado panorama del Teatro en Buenos Aires que no deja de jugar con la maravillosa MAGIA DEL TEATRO.

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