sábado, 29 de agosto de 2026
15.7 C
Buenos Aires

Barreda: el monstruo que la Argentina convirtió en personaje

LECTURA RECOMENDADA

(Bs,Aires 28(VIII/2026) Barreda. Guion: Juan Cavoti, Josefina Licitra, Tamara Talesnik, Donna Tefa y Daniela Goggi. Dirección: Daniela Goggi. Intérpretes: Luis Machín, Carla Peterson, Mercedes Morán, Marcelo Subiotto, Maite Lanata, Margarita Páez, Paola Barrientos, Alberto Ajaka. Argentina, 2026. Duración: 110 minutos. Estreno disponible exclusivamente en la plataforma de streaming Prime Video.                        Nuestra calificacion: buena

Existen crímenes que con el tiempo se convierten en expedientes. Otros, en leyendas. Y están aquellos que, por obra y gracia de la televisión, los diarios y una sociedad con una preocupante facilidad para convertir la tragedia en entretenimiento, terminan transformándose casi en personajes de ficción. Ricardo Barreda pertenece a esta última categoría.

El odontólogo platense que el 15 de noviembre de 1992 asesinó a escopetazos a su esposa, su suegra y sus dos hijas consiguió algo que pocas veces obtiene un criminal: que durante años se discutiera más su supuesta condición de víctima que la existencia de sus cuatro víctimas. “Barreda”, dirigida por Daniela Goggi, llega entonces con una dificultad enorme: contar una historia que los argentinos creemos conocer perfectamente y demostrar que, en realidad, la conocemos bastante mal.

Y ahí está su principal mérito. La película no pretende convertir a Barreda en un monstruo de historieta. Tampoco necesita hacerlo. El verdadero horror está en algo mucho más incómodo: mostrar cómo un asesino pudo convertirse culturalmente en un personaje simpático, tragicómico e incluso reivindicable.

LUIS MACHÍN: EL HOMBRE DETRÁS DEL MONSTRUO

Luis Machín no intenta hacer una caricatura de Barreda. Y esa decisión resulta fundamental. No busca una imitación física perfecta ni una colección de gestos reconocibles. Construye, en cambio, algo bastante más perturbador: un hombre aparentemente común, incluso mediocre, cuya normalidad exterior convive con una violencia monstruosa.

Machín comprende que el peligro no estaba en convertirlo en un psicópata de manual. El verdadero desafío era interpretar al hombre que podía sentarse a conversar, caminar por la calle, atender un consultorio, discutir con su familia y, finalmente, tomar una escopeta.

El resultado es deliberadamente incómodo. Porque el Barreda de Machín no pide que lo odiemos. Nos obliga a observar cómo construye su propia justificación. Y esa diferencia es enorme.

EL PROBLEMA DE LA “CONCHITA”

Durante décadas, la cultura popular argentina hizo algo bastante siniestro con este caso: convirtió al asesino en una especie de antihéroe doméstico.

La palabra “Conchita” pasó a formar parte del folklore nacional. El asesino dejó de ser solamente Barreda y empezó a ser una figura de chiste, de meme antes de que existieran los memes, de sobremesa y hasta de cierta simpatía masculina.

La película intenta desmontar precisamente esa operación cultural. Y lo hace colocando en el centro algo que durante demasiado tiempo quedó fuera de cuadro: las cuatro mujeres asesinadas. Gladys McDonald, Elena Arreche, Adriana y Cecilia no pueden defenderse. No pudieron contar su versión. La historia quedó, durante años, dominada por la voz del hombre que las mató.

Ese es probablemente el hallazgo conceptual más fuerte de la película. Porque contar un crimen desde la perspectiva del victimario siempre encierra una trampa: el asesino tiene voz; sus víctimas, no. Goggi intenta invertir esa ecuación.

LA DIRECCIÓN: EL HORROR SIN PIROTECNIA

Daniela Goggi evita convertir el cuádruple asesinato en un espectáculo de sangre. Es una decisión inteligente. La violencia funciona mejor cuando se percibe antes de ser mostrada. La casa, los silencios, los espacios familiares y esa atmósfera aparentemente cotidiana producen una tensión mucho más eficaz que cualquier despliegue efectista.

La reconstrucción del universo doméstico resulta particularmente importante porque el horror no aparece inicialmente como algo extraordinario. Está allí. En la mesa. En los pasillos. En los pequeños gestos. En las relaciones familiares. En aquello que parece cotidiano hasta que deja de serlo.

La película comprende que el verdadero escenario del crimen no es solamente aquella casa de La Plata: es también la construcción cultural que vino después.

CARLA PETERSON, MERCEDES MORÁN Y LAS MUJERES QUE DEJAN DE SER FIGURAS DE REPARTO

Carla Peterson y Mercedes Morán aportan dos trabajos que ayudan a evitar que las víctimas queden reducidas a simples piezas narrativas dentro de la biografía de Barreda. Y aquí la película adquiere una dimensión especialmente valiosa. Porque el riesgo de cualquier relato basado en un asesino célebre es que las víctimas terminen funcionando como decorado emocional del protagonista.

Goggi intenta lo contrario. No siempre lo consigue con la misma profundidad, pero la intención es clara: Barreda deja de ser el único centro gravitacional de la historia. Y eso, tratándose de este caso, ya es una toma de posición.

EL ABOGADO Y LA FÁBRICA DEL “POBRE HOMBRE”

Marcelo Subiotto incorpora otro elemento interesante: el mecanismo mediante el cual se construye discursivamente la figura del victimario. Porque Barreda no solamente tuvo un arma. Tuvo también un relato. Un relato que necesitaba explicar que aquel hombre había sido llevado al límite, que existía una historia de humillaciones, que detrás del crimen había una especie de tragedia doméstica.

El derecho a la defensa es indiscutible. Pero otra cosa es la utilización mediática de esa defensa. Y la película introduce allí una pregunta incómoda: ¿Cuánto de la leyenda de Barreda fue fabricado por Barreda y cuánto fabricamos nosotros? La respuesta no deja particularmente bien parada a la sociedad argentina.

UNA PELÍCULA NECESARIA, PERO NO PERFECTA

El principal problema de “Barreda” es que su voluntad de desmontar el mito puede convertirse, paradójicamente, en otra forma de alimentar la fascinación por el personaje.

Porque cada vez que volvemos a contar la historia de un criminal célebre corremos el riesgo de volver a convertirlo en protagonista absoluto.Es una contradicción inevitable del género.La película quiere desarmar el mito Barreda y, al mismo tiempo, necesita volver a poner a Barreda en pantalla.Es como intentar apagar un incendio utilizando parte de las llamas.

Goggi sale bastante bien parada del desafío, aunque en determinados momentos la película parece demasiado consciente de su propia tesis. Hay escenas en las que el discurso resulta más evidente que la dramaturgia y algunos personajes funcionan más como vehículos de una interpretación contemporánea que como seres dramáticos plenamente desarrollados.

Pero cuando abandona la explicación y confía en los actores, “Barreda” crece considerablemente.

EL VERDADERO ESCÁNDALO

Lo más perturbador de la película no es volver a ver a Barreda.Es recordar lo que ocurrió después.Recordar que durante años hubo personas capaces de hablar del cuádruple asesino con simpatía.Recordar que su nombre podía provocar una sonrisa.Recordar que se construyó alrededor suyo una suerte de folklore.Y comprender que esa transformación no fue obra exclusiva de los medios.La sociedad colaboró. Barreda mató a cuatro mujeres. Después, nosotros ayudamos a convertirlo en personaje.

La película de Daniela Goggi intenta corregir esa fotografía. No borra el mito. Pero lo mira de frente y pregunta qué clase de sociedad necesita convertir a un femicida en un ícono popular para poder soportar la incomodidad de hablar sobre él. Y esa pregunta es bastante más perturbadora que cualquier escopetazo. Porque el verdadero “caso Barreda” no terminó en 1992. Todavía estamos discutiéndolo. Y quizás eso sea precisamente lo que más debería preocuparnos.

EL DISCURSO OFICIAL / EL LADO B

EL DISCURSO OFICIAL

Una película necesaria para revisar uno de los crímenes más estremecedores de la historia argentina.

Daniela Goggi reconstruye el caso Barreda desde una mirada contemporánea, evitando la glorificación del femicida y poniendo nuevamente en escena a las mujeres que durante años quedaron atrapadas en el pie de página de una historia que tuvo demasiadas veces al asesino como protagonista.

Luis Machín ofrece una interpretación compleja, incómoda y despojada de caricaturas. La película invita a reflexionar sobre la violencia doméstica, la construcción mediática de los criminales y la facilidad con la que la sociedad convierte una tragedia en mito popular.

Todo muy correcto. Todo muy necesario. Todo muy pedagógico. Ahora, pasemos al otro lado de la pantalla. 

EL LADO B

Barreda ya tuvo película. Barreda ya tuvo documentales. Barreda ya tuvo entrevistas. Barreda ya tuvo titulares. Barreda ya tuvo imitadores, chistes, merchandising involuntario y hasta una especie de santoral pagano de la argentinidad televisiva. Le faltaba solamente que alguien dijera: “Señoras y señores, llegó la hora de revisarlo seriamente”.

Y aquí estamos. Treinta y cuatro años después, seguimos hablando de Barreda. Ese es precisamente el problema. Porque Argentina tiene una curiosa especialidad cultural: convierte al criminal en personaje y después hace una película para explicar por qué no deberíamos haberlo convertido en personaje. Una exquisita pirueta intelectual.

El asesino primero se convierte en mito. El mito se convierte en folklore. El folklore se convierte en entretenimiento. Y finalmente el entretenimiento se convierte en una obra “necesaria” para desmontar el entretenimiento anterior. ¡Qué país! Ni Kafka se animaba a tanto.

La película intenta devolverles el protagonismo a las cuatro mujeres asesinadas. Y está bien. Era imprescindible. Pero existe una ironía que la propia película no puede evitar: para sacar a Barreda del pedestal hay que volver a ponerlo en el centro de la pantalla. El monstruo vuelve a entrar por la puerta principal. Con iluminación cinematográfica. Con un actor extraordinario. Con dirección. Con fotografía. Con banda sonora.

Y con nosotros sentados enfrente, otra vez mirando a Barreda. El círculo se cierra. Quizás la verdadera película que todavía tenemos pendiente no sea sobre Barreda. Es sobre nosotros. Sobre la sociedad que durante décadas encontró simpático al asesino. Sobre los medios que descubrieron que la tragedia también podía tener rating. Sobre la cultura popular que transformó un cuádruple femicidio en anécdota. Y sobre esa Argentina que todavía confunde explicación con justificación, personaje con víctima y notoriedad con grandeza.

Porque Barreda fue condenado. El mito, en cambio, salió en libertad hace muchísimo tiempo. Y ese es el verdadero lado B que esta película, deliberadamente o no, vuelve a poner sobre la mesa.

No siempre logra escapar de la fascinación por su propio protagonista, pero consigue algo fundamental: obligarnos a mirar nuevamente un caso que durante demasiado tiempo miramos desde el lugar equivocado. Y quizá esa sea la mayor virtud de “Barreda”: no conseguir que olvidemos al asesino, sino recordarnos que nunca debimos olvidar a las víctimas.

Mas articulos

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

ULTIMAS NOVEDADES

(Bs,Aires 28(VIII/2026) Barreda. Guion: Juan Cavoti, Josefina Licitra, Tamara Talesnik, Donna Tefa y Daniela Goggi. Dirección: Daniela Goggi. Intérpretes: Luis Machín, Carla Peterson, Mercedes Morán, Marcelo Subiotto, Maite Lanata, Margarita Páez, Paola Barrientos, Alberto Ajaka. Argentina, 2026. Duración: 110 minutos. Estreno disponible exclusivamente en la plataforma de...Barreda: el monstruo que la Argentina convirtió en personaje