Una batalla tras otra (One Battle After Another, Estados Unidos/2025). Dirección: Paul Thomas Anderson. Guion: Paul Thomas Anderson (sobre la novela Vineland de Thomas Pynchon). Fotografía: Michael Bauman. Edición: Andy Jurgensen. Elenco: Leonardo DiCaprio, Sean Penn, Teyana Taylor, Regina Hall, Chase Infiniti, Benicio Del Toro, Tony Goldwyn, Alana Haim, John Hoogenaker, James Downey, Kevin Tighe. Calificación: No disponible. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 161 minutos. Nuestra calificación: excelente.
Hay películas que buscan agradar. Y después está Una batalla tras otra, que directamente entra a la sala como una granada sin seguro. El nuevo film de Paul Thomas Anderson —gran vencedor de los Oscar 2026 con seis estatuillas, incluida Mejor Película— no intenta seducir al espectador promedio: lo arrastra a una experiencia caótica, política y febril, donde la sátira, la paranoia y el desencanto conviven en combustión permanente.
Inspirada libremente en Vineland de Thomas Pynchon, la película toma la América contemporánea y la convierte en un carnaval tóxico de ultraderecha, revolucionarios derrotados, persecuciones absurdas y violencia siempre al borde del estallido. Lo extraordinario es que Anderson jamás cae en el panfleto: filma el derrumbe ideológico como si fuera una comedia negra lisérgica.
Pero quien roba la película es Sean Penn. Su villano es una caricatura monstruosa del autoritarismo norteamericano: grotesco, brutal, ridículo y aterrador al mismo tiempo. Penn mastica cada escena con una ferocidad casi operística, entendiendo perfectamente el tono del film: una sátira donde el horror y el absurdo bailan abrazados. No sorprende que haya ganado el Oscar como actor de reparto.
La puesta en escena de Anderson es monumental. La cámara nunca descansa; persigue cuerpos, autos, disparos y discusiones interminables con una energía rabiosa. Hay secuencias que parecen improvisadas y otras de precisión quirúrgica. Todo fluye como una jam session cinematográfica donde el caos está cuidadosamente calculado.
Y sin embargo, Una batalla tras otra no es una película fácil. Su duración extensa, su narrativa fragmentada y su humor incómodo pueden expulsar a muchos espectadores. De hecho, parte del público la consideró excesiva o directamente insoportable. Pero justamente allí reside su valor: Anderson no hace cine para consumo rápido; hace películas que incomodan, desordenan y permanecen.
La banda sonora de Jonny Greenwood funciona como un sistema nervioso adicional. Sus ritmos sincopados y tensos convierten cada escena en una amenaza latente. La música no acompaña: acosa.

