miércoles, 20 de octubre de 2021
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THEODORA, Haëndel. Teatro Colón…»Brillante y controvertida»…

LECTURA RECOMENDADA

TEATRO COLÓN

G. F. Händel: Theodora

VERSIÓN ESCÉNICA SOBRE EL ORATORIO DE GEORG FRIEDRICH HÄNDEL (1685-1759)

PARA UNA ACTRIZ, CANTANTES Y ORQUESTA LIBRETO DE THOMAS MORELL, BASADO EN UNA OBRA DE ROBERT BOYLE, ESTRENADA EN 1750

ORQUESTA ESTABLE DEL TEATRO COLÓN

DIRECTOR MUSICAL Johannes Pramsohler

ESPACIO Y VESTUARIO Oria Puppo

ILUMINACIÓN Rubén Conde

VIDEO Oria Puppo Matías Otálora

INVESTIGACIÓN Y COLABORACIÓN EN TEXTOS Franco Torchia

VERSIÓN DRAMATÚRGICA Y DIRECCIÓN DE ESCENA

Alejandro Tantanian

ASISTENTES DE ESCENOGRAFÍA Y VESTUARIO

Andrea Czarny Josefina Minond

ASISTENTE DE VIDEO Martín Antuña

REPARTO

ACTRIZ Mercedes Morán

THEODORA Yun Jung Choi

DIDYMUS Martín Oro

SEPTIMIUS Santiago Martínez

VALENS Víctor Torres

IRENE Florencia Machado

MENSAJERO Iván Maier

Coro

Florencia Burgardt Daniela Prado Iván Maier Mariana Rewerski Felipe Carelli Romina Jofré

SERIGRAFÍA EN VIVO Estanislao Moyano

CÁMARA EN VIVO Martín Antuña

ASISTENTE EN ESCENA Esteban Pucheta

BAJO CONTINUO Benoît Babel

Fotografia, gentileza Maximo Parpignoli

Por primera vez se estrena en el Teatro Colón y en versión semi escenificada Theodora, oratorio de George Friedrich Handel, con libreto de Thomas Morell, basado en la obra de Robert Boyle publicada el 1687 «The Martyrdom of Theodora and Didymus”.  El célebre compositor alemán nacionalizado inglés, la estrenó en el 1750 en el Covent Garden londinense.

La obra, se basa en la historia real de la opresión religiosa de una mujer cristiana del siglo IV que defiende sus creencias religiosas. Desafía un decreto del gobierno de Roma y se niega a participar en una fiesta pagana. Theodora está condenada a prostituirse y dice que prefiere morir. Ayudada por un soldado a huir, ve a su amante condenado a muerte. Lo cual nos da una serie de fuertes escenas, que unidas a la fluidez del texto nos lleva a la estructura de una ópera. Es una obra con una orquestación que parece simple, pero que no lo es, con una estructura de amplia variedad de coros y arias, siendo las mismas en su mayoría “da capo” para solistas, asimismo emergen también bellos duetos entre los cuales uno destaca el último entre Theodora y Didymus, «Streams of Pleasure ever flowing /Thither let our Hearts aspire» de emocionante perfección musical.

 Debo aclarar al lector, que la producción estrenada, ante la pandemia de covid 19, se halla recortada pues al hoy, no puede brindarse obra de mayor tiempo de dos horas en sala de Colón debido a las pautas de salubridad pautadas. Este tiempo pre pautado de duración no fue en detrimento del entendimiento de la obra en su totalidad y no quita fluidez a la misma.

El papel de Theodora, fue interpretado por la soprano coreana Yun Jung Choi, la cual ofreció una homogénea y virtuosa prestación vocal, con tono cristalino, lo cual fue de destacarse en sus arias: «Fond, flatt’ring World” y “With darkness deep, as is my woe” que revelan sus habilidades virtuosas en el trabajo del pasaje como en su notable dicción. A ella se unió Martín Oro (Didymus), en el conmovedor dúo de despedida “»Streams of Pleasure ever flowing /Thither let our Hearts aspire» en una interpretación bellamente combinada. La voz de contratenor de Oro es indefectiblemente elegante, y combina una dicción ejemplar con una ornamentación ágil. La cualidad de su interpretación se pudo disfrutar particularmente en “Sweet rose and Lily”.

Como la compañera cristiana de Theodora, Irene, Florencia Machado ofreció un timbre cremoso y atractivo, combinado con un fraseo bellamente elaborado, su gran aria“As with rosy steps” así lo demostró.

En el rol del gobernador romano, Valens, Victor Torres mostro su gran presencia proporcionando una fuerte apertura al drama en “Go my faithful soldier”.

El papel de Septimus lo tomó Santiago Martinez con excelentes pasajes y una desafiante tesitura. Completó el elenco solista Ivan Meier como Mensajero quien supo mostrar excelencia en solitario y confirmar el cuidado realizado en la calidad del reparto, desde los papeles más grandes hasta los más pequeños.

El coro es para dar grandes elogios. Este conjunto está poblado por consumados músicos, muchos de los cuales son solistas notables por derecho propio. La precisión coral y el timbre es de la más alta calidad, lo cual merecen destacarse sus nombres: Florencia Burgardt, Daniela Prado, Iván Maier Mariana Rewerski, Felipe Carelli y Romina Jofré.

La orquesta Estable, reducida en esta ocasión, estuvo bajo la batuta del Mtro. Johannes Pramsohler el cual posee la capacidad de seguir el ritmo impecable del drama de una obra tan compleja con un profundo conocimiento de su arquitectura, tanto musical como dramática.  Es de destacar su habilidad magistral como acompañante de cantantes: comprensivo con sus necesidades, pero que tampoco teme llevar su virtuosismo a los límites de cada uno de ellos.

Esta propuesta brillante como contradictoria para el público común, tuvo una particularidad en su dramaturgia y dirección pautada por Alejandro Tantanian quien nos lleva la historia a un contexto temporal y geopolítico particular. Estamos en algún lugar de los tiempos modernos, entre 1970 y la actualidad. Para ello se vale del relato que emerge en la voz de actriz Mercedes Morán, quien trae a la escena a la controvertida teóloga protestante argentina Marcella Althaus-Reid, la cual estando en su exilio “obligado” escribirá sus dos libros más celebres como reconocidos a nivel mundial “Teologia Indecente” y “El dios Queer”. En este último ella sostiene que Dios tenía que ser liberado del armario de los teólogos que básicamente respaldaban el status quo al rechazar la ideología sexual tradicionalmente asociada con Dios.

Su trabajo de teología en el contexto de la sexualidad fue una extensión de la teología de la liberación en la que se había formado, donde la relación especial entre Dios y los pobres fue especialmente significativa en América del Sur (1970). Aquellos a quienes se les negó expresión, incomprensión o desprecio de la sexualidad fueron presentados al Dios cuya opinión de ellos era clara para Althaus-Reid como la opinión de Dios sobre los pobres.

En este contexto se fusionan estos dos personajes Theodora y Marcella, mostrando al espectador una historia para nuestro tiempo. Tartanian y su colaborador en los parlamentos de Althaus –Reid, Franco Torchia nos hablan de la violación utilizada como herramienta de opresión política, de personas cuya fe es pisoteada y negada, de una sociedad donde un poder colonial usa la violencia para obligar a otros a pensar como él. 

Asimismo, la escenografía reutilizada y la iluminación nos remarcó en todo momento las escenas como un via crucis de la mártir romana que da título a la Obra.

En definitiva, una grata sorpresa en una temporada lírica menguada por la pandemia, una propuesta que es ejemplo de austeridad, pero que con hábiles direcciones tanto escénica como musical, propone un espectáculo que no tiene nada que envidiar a los que pueden ver en un Festival de Salzburgo o Aix en Provence y que pone al Teatro Colon en un lugar que lo coloca en el nivel de jerarquía que su historia así lo remarca.

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