jueves, 30 de junio de 2022
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Roberto Alagna, Teatro Colon… Más ego que voz, un divo en buenos Aires…

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Cuando termina el concierto y pasa la magia, la mística, en frio nos ponemos a analizar el evento artístico. Cosa no fácil, porque a la italiana, propiamente dicho somos tan vehementes como cuando vemos un partido de la escuadra que somos fanáticos. Se arman rivalidades, hinchadas, pasiones; así en el futbol como en la ópera.Siempre los grandes artistas nos muestran su magia, despliegan su experiencia, pero a veces, o ya no les da la técnica o no están a la altura de las expectativas planteadas.Roberto Alagna midió al público en todo momento, pero tal vez no llegó a leer, ego mediante, todo lo que la sala transmitía.Comenzó muy concentrado, con ojos cerrados, con obras de dificultad adecuada para el Primer Coliseo de nuestro país y que son parte de su último lanzamiento dedicado a la chanson francesa para Sony Classical. Llegó al clímax con las arias de Ruggero Leoncavallo y se fue despidiendo con obras que tal vez no estén a la altura del Teatro (la versión de Vincenzo Di Chiaras de “La Spagnola”, estilizada pero demasiado popular).Mi maestro de canto citaba el axioma “qui potest plus, potest minus” (el que puede lo más puede lo menos) enseñando que en lirica significa que hay que soplar, y mucho. Después vienen los pianísimos, pero tampoco abusemos de ellos, porque el sonido para llenar una sala es casi el máximo que una persona puede dar. Roberto Alagna usó hasta el cansancio este recurso y el falsette, que no necesita tanta cantidad de aire para permitir sostener las notas espectacularmente para canciones de tono más folclórico (Malagueña salerosa).La pianista Irina Dichkovskaia se acomodó a las necesidades del cantante. Correcta acompañó en los tempis y en el volumen para no eclipsar en ningún aria (para eso le pagan, claro, y lo que no sabía se dio el lujo de no tocarlo). Esperé que en los Chopin se soltara y tuviera más volumen, pero se nota que su toque es claro y etéreo. Su aporte es el tono angelical y estéticamente bello de un ángel sobre el escenario, una parte más del show.Cuando hablo de leer al público me refiero específicamente a la gran cantidad de bises, exagerada. Justo esta semana encontré un posteo en redes sociales sobre respetar al artista y no dejar la sala hasta que termine el concierto. Así que me quedé hasta el último aplauso y no porque quisiera o porque esperase que mejorara en algún momento, sino por respeto a la trayectoria y a la persona.Me preguntan si disfruté el concierto: si, lo disfruté. No puedo decir que sea una fea voz, no puedo decir que no sepa su oficio, que no sea un gran entreteiner; empero sí considero que está un poco sobrevalorado para la mayor sala lírica de Latinoamérica.

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