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Nabucco de Verdi, Teatro Colón… «El decorado es el personaje principal, pero los personajes principales son solo decorados»… …

LECTURA RECOMENDADA

Reparto & Equipo

Dirección orquestal Carlos Vieu

Regia, Escenografía, Diseño de Vestuario, Iluminación: Stefano Poda

Dirección coral: Miguel Martínez

Coreografía: Stefano Poda

Nabucco: Sebastian Catana Abigaille: Rebeka Lokar

Zaccaria: Rafal Siwek Ismaele:Dario Schmunck

Fenena: Guadalupe Barrientos

Il Gran Sacerdote di Belo (Sumo Sacerdote): Mario De Salvo

Anna: Mariana Carnovali Abdallo:Gabriel Renaud

Orquesta Estable del Teatro Colón

Coro Estable del Teatro Colón

NABUCCO, es obra manifiesto del Risorgimento, capaz de traducir en música el espíritu nacional en el sentido más noble del término, «Nabucco» define una nueva forma de entender la ópera italiana, más atenta a las expresiones individuales, a los grandes cuadros y a la historia del pasado como herramienta para investigar y comprender mejor los propios orígenes. Verdi impone así un modelo cultural capaz de forjar generaciones de músicos y ciudadanos. Esta es la grandeza de una partitura que aún hoy muestra una relevancia increíble.

Foto Arnaldo Colombaroli /Teatro Colón

El Teatro Colón presentó en una nueva dirección, el titulo pendiente desde el 2020 Nabucco (Verdi). El director de la producción, Stefano Poda, es un profesional de renombre internacional que ha representado su obra en teatros como el Teatro Regio di Torino, Bolshoi, Beijing, Budapest entre tantos celebres sitios, creador como escenógrafo, diseñador de vestuario e iluminación.

Su propuesta vista del Nabucco, sin embargo, fue bastante ambigua, que es un adjetivo esta vez en sentido figurado y literal. Literalmente, porque la escenografía y el vestuario se construyeron mayoritariamente sobre el contraste de blanco y negro, que por supuesto tiene un significado simbólico: sobre todo, puede venir a la mente el contraste entre el Nabucco como Abigaille de ropa negra (los malos) y Zaccarias, junto a los hebreos de blanco (los buenos). Por otro lado, el arreglo en sí se ha vuelto de calidad mixta, ya que se caracteriza por un escenario monumental con objetos simbólicos por un lado y una escena (en su mayoría) claramente aburrida, no menos amigable para el público por el otro.

Con respecto a esto último, estoy confundido antes de que se resuelva Stefano Poda. ¿Qué pudo haber causado que el rutinario director italiano convirtiera el escenario en oscuridad y claridad durante la actuación de Nabucco?  Sin embargo, es posible que tengan poca idea de hasta qué punto se ha logrado esto. La gesticulación sigue siendo removible, pero el mimetismo no lo es en absoluto. Realmente no sabemos qué tipo de actuación brindan los cantantes porque en mas de una ocasión se los ve parcialmente, iluminados de todos modos se debe a que las luces caen sobre ellos desde el costado, desde abajo, desde un punto a la vez, como delgados haces de luz, iluminando una cara desde abajo o proyectándose desde la parte superior del escenario. En este último caso, sin embargo, no son ellos los que están iluminados, sino el enorme escenario en lo alto del escenario.

Y ese cierto gran escenario es una gran caja rectangular en donde la acción se desarrolla por el uso del rotario de planta, con paneles transparentes que demarcan la monumentalidad de la luz blanca en claro oscuro, que uno ya ha podido ver en otras producciones del mismo director de escena.  Símbolos que descienden a escena remarcan la escena, en su primer acto el teocentrismo  de los hebreos, se ve representado por un centro planetario en donde se observan las órbitas; otro claro ejemplo de simbolismo se aprecia en la inventiva Poda, en el momento del célebre “Va Pensiero”, donde desciende una gran cinta de Moebius para ejemplificar la continuidad de la vida, pero claro, uno se pregunta si esta atemporalidad simbólica, conjuntamente con el estatismo, sirve para la descripción de un texto en donde se expresa la libertada ante la tiranía…

Sebastián Catana fue un Nabucco correcto que acabó convenciendo por proyección vocal, a despecho de su relativa calidad tímbrica y de un fraseo no siempre refinado. Su actuación alcanzó una progresiva intensidad, llegando “Dio di Giuda”, con algunos reguladores de buen gusto, e incluso ser convincente en la correspondiente cabaletta “O prodi miei”. Rebeka Lokar mostro que no tiene los medios vocales adecuados para abordar con garantías un papel tan complejo como Abigaille. Su voz colapsó en su zona alta, donde asomó un ingrato vibrato, calando prácticamente todos los agudos,asimismo su zona baja presentó un sonido apenas perceptible. Entre ascensos y descensos en el registro, su centro pasó desapercibido y con tantos frentes técnicos abiertos, su recreación devino en trivial.

Por su parte, Rafael Siwek aprovechó cada oportunidad que se le brindó musicalmente para lanzar su potente tesitura de bajo sobre la orquesta. No fue necesariamente una interpretación sutil, pero coincide con las necesidades de la producción con su importante proyección. El Ismaele de Darío Schmunck lució un color vocal atractivo, mostrando calidad y compromiso en este tipo de repertorio. Ahora bien, Guadalupe Barrientos como Fenena, fue la gran estrella vocal de la velada. De voz y carácter ideal para este Verdi de primera época, una presencia total que en grupo destacaba en seguridad y amplitud en tesitura. Un personaje que se transformó por su vocalidad en centro de la escena, y sobre la cual se sentía que en sus concertantes la soprano se apoyaba.  Un verdadero aplauso para esta notable cantante argentina, un verdadero placer escucharla y que remarcó su carrera brillante que realiza al presente. Asimismo, resultaron muy atinados Gabriel Renaud como Abdallo y Mariana Carnevalli como Anna.

La presencia del coro en esta obra es fundamental, el Estable del Teatro Colón, bajo la dirección del Mtro. Miguel Martínez, estuvo al comienzo con contrapuntos no claros, pero luego fue in crescendo para mostrar en el célebre “Va Pensiero” unos matices bellos que conmovieron a todos. Esta vez Poda, les marco movimientos que en verdad fueron entre el disco giratorio y los figurantes toda una complejidad, uno a veces se pregunta si los cantantes no deben estar cómodos como seguros en escena, y no como se vio en más de una vez, lo complejo que se les vio caminando entre cuerpos en el piso.

 A nivel musical, el Mtro. Carlos Vieu obtuvo un gran éxito con una dirección de gran eficacia que reveló su capacidad como hábil concertador, algo indispensable en el foso porteño. Tal vez se echó en falta una mayor dosis de intensidad y de contraste rítmico en determinados pasajes que sin duda hubiese enfatizado el aspecto épico de la producción, pero su batuta se mostró vigorosa en este Verdi del “período galera”.

El decorado es el personaje principal, pero los personajes principales son solo decorados. La vista es hermosa, pero no estamos en una exposición de arte contemporáneo, sino en una función de ópera. Una propuesta, que será seguramente recordada por la producción, pero que desde el punto de vista vocal quedará como una más dentro de la historia del Teatro Colón …

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19 Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo una produccion que pretende deslumbrar y solo lo logra en los minuto iniciales, volviendose monota, reiterativa y molesta.
    Cuando en Nabucco lo mejor es la Fenena estamos en serios problemas, y el publico totalmente despistado no sabian si aplaudir si seguia o que pasaba.
    Un Nabucco muy pobre vocalmente

  2. Muchas gracias por su crítica. No conocía su espacio, pero lo frecuentaré desde hoy, ya que hemos sentido que sus palabras interpretaban fielmente lo que sentimos y comentamos con familia y amigos al fin de la función del jueves.
    Quiero dejarle, para que la considere, la posibilidad de que la cinta de Moebius, una construcción que transforma una pieza con dos superficies en un objeto que tiene una sola cara, haya querido representar que los dos bandos enfrentados eran, fundamentalmente, una sola humanidad.
    Un cordial saludo,
    Enrique-

  3. La puesta en escena es lo mejor que vi jamás. Un genio Stefano poda!!! Los bailarines son todo lo que está bien y el coro un lujo.

    Aprendan a aceptar lo nuevo. Mil millones de veces mejor que otros nabucco q tuve la oportunidad de ver. 10 de 10!

  4. Si bien la escenografía y el vestuario son hermosos, resultan completamente disfuncionales al argumento. El libreto presupone, por ejemplo, que Zacarías estará vestido de sumo sacerdote y, por ende, omite presentarlo como tal. El problema es que, en esta puesta, está vestido exactamente igual que el resto. Lo mismo puede decirse de las escenas en las que concurren las masas de hebreos y asirios, no pudiendo distinguirse una de la otra. La destrucción del ídolo resulta anticlimática, ya que se limita a «desacoplar» una escultura que fue «acoplada» en escena unos instantes antes. En lugar de destruir una estructura de piedra físicamente maciza e ideológicamente oprimente, la desarman como un modular para televisor con rueditas.

    La coreografía también resulta disfuncional para el argumento y congestionada. Aun en las escenas íntimas, decenas de bailarines compiten por captar la atención del espectador y contar sus pequeños relatos. Sin un punto focal donde anclar la vista, la mirada del espectador vaga por la escena y se diluyen las pocas acciones del argumento, como cuando Ismael rescata a Fenena.

  5. lo nuevo no es necesariamente bueno. Una verguenza la puesta de poda. Un teatro o un pais que da 5 funciones por año no puede darse el gusto de poner algo fuera de lo clasico pues pagamos entre todos los contribuyentes. esos experimentos. Esto podria hacerse y estoy de acuerdo si tuvieramos varias y distintas representaciones pero con solo 5 es una barbaridad.

  6. escuche opiniones de gente que fue al teatro a sacarse fotos y que decia en el intervalo que maravilla. No eran habitues ni conocian mucho de opera. Ademas otros por querer disfrazarse de progresistas decian lo mismo.

  7. Estuve el domingo. Muy bien la orquesta y el coro. Coincido con la mayoría de las apreciaciones del crítico. La puesta, en mi opinión, no pasa de mediocre. No está puesta al servicio de la obra sino a un eventual lucimiento del director de escena. Pero más allá de algún acierto estético inicial fue tremendamente aburrida. Si el libreto de Nabucco tiene debilidades inescondibles, esta puesta no las salvó, sino las aumentó al hacer peder todo sentido dramático a lo que pasaba en escena. Uno más de los directores de escena que se creen genios y no son más que medio pelo.

  8. Yo lo interpreté como un grandioso espectáculo utilizando la ópera Nabucco como excusa y complemento, pero en absoluto, una representación de la obra de Verdi.
    Lamentablemente la calidad vocal de Abigail, no es la adecuada para esa ópera, posiblemente sus falencias, formaron parte de ese espectáculo.

    • Muy de acuerdo con esta apreciacion!!!
      Un gran” espectaculo” con musica de Verdi… La opera esta pasando x grandes cambios, por mas que nos pese…El que la vio por primera vez, no entendio nada…Los sentimientos que debian expresar la musica y los cantantes fueron reemplazados x el ballet que hizo lo que pudo y sumó al espectaculo pero no a la opera…Pobre Verdi…

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