Concierto
Kristine Opolais (soprano)
Teatro Colòn
Piano Marcelo Ayub
Programa
F. Cilea
Adriana Lecouvreur
Io son l`umine ancella
Interludio Acto ll (piano solo)
G.Verdi
Otello
Canzone del Salce…Ave Marìa…
F. Cilea
Adriana Lecouvreur
Preludio Acto lV
Poveri Fiori
A.Catalani
La Wally
Parte ll
A.Boito
Mefistòfele
F Liszt/R Wagner
Tristan und Isolde
Isoldens Liebestod S.447 (piano solo)
G Puccini
Tosca
Vissi d`arte
Manon Lescaut (intermezzo (piano solo)
Madama Butterfly
Un bel di vedremo
Foto gentileza @maximoparpignoli (prensa T. Colón)
Cuando se piensa en los factores que pueden darle éxito masivo a un artista, más a un cantante de ópera, piensa en el talento, las destrezas, el oído musical, el desarrollo del instrumento, el fraseo, la suerte, un buen manager, políticas públicas que acompañen, teatros accesibles; es una gran lotería en especial entre las sopranos, porque hay muchas y muy buenas por todo el mundo, muchas excelentes en nuestro país.
Kristine Opolais tiene, además, el porte de una diosa griega, alta y esbelta, arreglada cual artista de Hollywood, tiene el paquete que deslumbra con solo pisar el escenario.
Vocalmente cumple (lo que no es poco) e independientemente de que a mi personalmente me parezca una voz hermosa o no, es innegable que brinda un espectáculo que vale cada peso que se paga en el Teatro Colón. Porque el público merece un show, drama, plumas y pasión. Histrionismo exacerbado, suspiros y algún que otro agudo rimbombante.
Con un programa sin jugarse, Kristine Opolais hizo lo que tenía que hacer, cumplió su tarea.
Cómo estaremos de faltos de divos, que con solo cambiar una entrada el público se rindió a sus pies descalzos para ofrendarle más que flores, un aplauso, una ovación que no alcanzó más que para un par de bises.
El Maestro Marcelo Ayud, salió a campear el temporal y triunfó en sus muchas apariciones (demasiadas para un concierto de una soprano?). Acompañó a la diva con atención y extremo cuidado no solo en lo musical, en la primera parte ella se acercó como que algo le molestaba y el pianista la acompaño tras bambalinas solícito. Ah, drama, mucho drama; por lo menos se vio así desde la platea, pero el concierto siguió y ya después del programa, en el bis con la entrada desde la platea e interpretando “La canción de la luna”, de la ópera Rusalka de Dvorak, se la vio relajada ya en la meta.
Una noche llena de brillo Kristine Opolais deslumbró con su belleza, su histrionismo y carisma.
