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Piazzolla 100 años en el Tronador…

LECTURA RECOMENDADA

Noche de verano en Mar del Plata. una noche en donde la figura del celebre compositor Astor Piazzolla, llega con sus composiciones a la emoción de la sala colmada del Teatro Tronador.

El programa estuvo divido en tres secciones orquestales en los cuales intervinieron solistas de jerarquía, quienes en su mayoría fueron artífices de interpretaciones inolvidables.

En la primera parte, el «Proyecto Electrónico Piazzolla» (nuevo octeto)bajo la dirección de Nicolás Guerschberg realizaron cuatro lecturas de las obras Violentango, Meditango, Solitude y Libertango llenas de matices que provocaron al espectador un caleidoscopio de imágenes musicales a tempo. La figura convocada en esta sección fue la memorable Amelita Baltar, la voz indiscutible de Piazzolla. A sus 81 años (como ella misma lo expresó) dio con su tesitura característica dos versiones memorables: «Chiquilín de Bachín» y «Preludio para el año 3001».

Le siguió luego la fusión con el jazz y fue el turno de «Escalandrum» la dirección estuvo también a cargo de Nicolas Gueschberg (debido a estar con covid Daniel – Pipi – Piazzolla). Notorias fueron las versiones de «Primavera Porteña» como de «Adios Nonino» en esta ultima los saxos fueron creando una verdadera jazz session donde los tonos intimistas dieron el contrapunto al leimotiv que en partitura creó Astor. Una lectura amplia como diferente a la tradicional, daa como calificativo de Escalandrum. En esta parte fueron convocados dos figuras de épocas distintas quienes confrontan estilos de interpretación. Primeramente la dama, Elena Roger recurrió al excesivo uso del pianisimos para dar vida a «Vuelvo al Sur» (uno no esta esperando escuchar una soprano en Mozart, sino una interprete piazzolana) le siguió luego el swing arrebatado de la «Milonga de la Anunciación» en donde ya me plantea si esta relectura no se encuentra fuera del carácter originario de María de Buenos Aires y por lo cual uno le cueste llegar a esta nueva relectura..

Ahora bien, aparece en escena Raul Lavié y aquí si uno disfruta de la interpretación incuestionable de «La bicicleta blanca» como como así también de la «Balada para mi Muerte». No es necesario decir mas nada sobre Lavie y Piazzolla, solamente un calificativo lo define: IDEAL.

Luego de un breve intervalo, la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, bajo la dirección del Mtro. Luis Gorelick y el bandoneonista Horacio Romero realizaron de manera exquisita juntos a los Maestros de la Orquesta, «Las Cuatro Estaciones Porteñas», y alli fue en donde uno como espectador se entrego a la magia de Piazzolla en tocar los recuerdos en donde emerge Bach como el Buenos Aires de los 70, y que evoluciona hasta el hoy, una partitura que es la imagen de Argentina de altre tempi, pero que sigue vigente de forma emocionante en las notas escritas por Piazzolla. Brillantes a tempo y en ejecución fue el acento que demostró el clasicismo que tanto admiraba Astor.

Luego la Filarmónica fue dirigida por Juan Carlos Cuacci para acompañar a Susana Rinaldi, quien dio su propio e inobjetable estilo a canciones tan disimiles como «alguien le dice al tango» (letra de Jorge Luis Borges); Los Pájaros Perdidos (letra de Mario Trejo) entre otras, En esta parte Rinaldi intervino en cuatro títulos con su propio director al podio, lo cual a uno le hace pensar como un «homenaje» a su persona, cuestión que se sintió un tanto forzado y sin sentido. cuando la figura era Astor .

Final con «Balada para un Loco» en voz de Amelita Baltar y Raúl Lavie, coro Susana Rinaldi y Elena Roger sumado a la Filarmónica como acompañante, nos da un un concierto en el cual uno agradece que se halla homenajeado en su ciudad natal a ASTOR PIAZZOLLA-

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