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The Opera Locos: Humor y Excelencia Vocal en clave de Music Hall

LECTURA RECOMENDADA

Buenos Aires, 24/IV/2026, Teatro Politeama.  The Ópera Locos. Autores y dirección: Compañía Yllana. Joe O’Curneen y David Ottone Dirección musical: Marc Álvarez y Manuel Coves. Intérpretes: Constanza Díaz Falú, Francisco Morales Quiroga, Julián Molinero, Laura Pirruccio y Lucas Alvan. Vestuario y escenografía: Vanesa Abramovich. Iluminación: Matías Canony. Coreografía: Verónica  Peccolo. Sala: Politeama (Paraná 353). Funciones: viernes, a las 20; sábados, a las 19.30 y domingos, a las 19. Nuestra calificación: muy buena.

Y empecemos por todo, ópera, amigos. Porque hablar de este espectáculo implica volver al origen: la ópera como forma total, matriz que —sin ser la única— modeló la integración entre música, drama y escena, proyectándose luego en tradiciones como la opereta, la zarzuela y, ya en el siglo XX, la comedia musical. No todo nace de ella, pero sí mucho de su ADN teatral. Y entonces, la pregunta inevitable: ¿por qué no desestructurarla, desacartonarla, devolverla al juego? The Opera Locos responde con una sonrisa… y con resultados.

Desde el inicio, con el “Va, pensiero” de Nabucco de Giuseppe Verdi, queda claro el pacto: respeto musical absoluto, libertad escénica total. El recorrido enlaza a Wolfgang Amadeus Mozart, Giacomo Puccini, Georges Bizet, George Frideric Handel, Gioachino Rossini, Jacques Offenbach y Ruggero Leoncavallo en una antología viva que va de Carmen a Turandot, de La Bohème a Pagliacci, pasando por La Traviata y La flauta mágica.

La clave está en la fusión. A las arias célebres se suman guiños al pop —ecos de Bob Marley, Celine Dion, Whitney Houston o Elton John— en un cruce que no banaliza, sino que acerca. La lírica no pierde identidad: la expande.

Y ahora, lo esencial: las voces. Siempre las voces.
Este team argentino —Duilio Smiriglia (tenor), Constanza Díaz Falú (soprano), Lucas Alvan (contratenor), Laura Pirruccio (mezzosoprano) y Julián Molinero (barítono)
— reúne cinco trayectorias notorias con perfiles formativos complementarios.

Por un lado, cuatro de ellos son egresados del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (Diaz Falú, Smiriglia, Alvan, Molinero(, algunos con presencia ya afirmada en la gran sala del Teatro Colón, otros consolidando un recorrido que los perfila claramente como nombres a seguir.

Y por otro lado, Pirrucio  formada en el Conservatorio de Mar del Plata, aporta un recorrido distinto: su carrera se abrió hacia el teatro musical desde donde transitó diversas producciones protagónicas antes de desembocar en propuestas como esta.  Esto conforma un estándar que eleva el conjunto: emisión cuidada, proyección firme y musicalidad constante.

El pequeño milagro ocurre cuando, en medio del delirio escénico —caídas, gestos desbordados, coqueteos con la platea—, la línea vocal permanece intacta. La estética, con guiños al universo de Tim Burton, arma un mundo deformado donde lo grotesco convive con lo lírico sin fricciones. Nada está librado al azar, aunque todo lo parezca.

La dramaturgia es simple y eficaz: egos, rivalidades, romances cruzados. No busca profundidad psicológica; busca ritmo, y lo encuentra. El punto alto llega con la interacción: la “clase” en vivo —incluyendo “La donna è mobile” de Rigoletto— convierte al público en coro. La ópera baja del pedestal y se vuelve práctica. Uno canta, se ríe… y comprende por qué ellos están arriba.

Hacia el final, la convivencia entre lo lírico y lo popular confirma la tesis: no hay ruptura, hay continuidad. La tradición no se traiciona; se abre.

En ese marco, la maquinaria creativa funciona con precisión: Creado y dirigido por Yllana, con dirección artística de Joe O’Curneen y David Ottone, y dirección musical de Marc Álvarez y Manuel Coves, el espectáculo engrana humor, timing y música con una eficacia notable.

¿Es perfecto? No. Quizás algún matiz dramático adicional enriquecería ciertos pasajes, y algún recurso reiterado podría moderarse. Pero sería pedirle a una fiesta que baje el volumen en su mejor momento.

Porque The Opera Locos logra algo infrecuente: convertir la excelencia vocal en una experiencia cercana, vibrante y —sí— irresistible.
El gran Music Hall del momento.

Y esta vez , este periodista desea explicar por que ⭐⭐⭐⭐☆
No por falta de virtudes, sino porque si esto fuera perfecto… ¿qué nos quedaría por celebrar en la próxima función?

 

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