Un show que conquista al público desde la actuación y el humor, con un elenco que lo da todo para que la magia ocurra, aun cuando la música no termine de despegar.
Teatro Liceo, 20/II/2026, Buenos Aires. Papá por siempre (Mrs. Doubtfire). Autores: Karey Kirkpatick y John O’Farrell. Música Wayne. Letras de canciones: Karey Kirkpatrick, basado en el film de Twentieth Century Studios. Adaptación: Marcelo Kotliar y Macarena del Mastro. Dirección: Ariel Del Mastro. Dirección musical: Gaspar Scabuzzo. Dirección vocal: Sebastián Mazzoni. Escenografía: Jorge Ferrari y Andrea Mercado. Iluminación: Santiago Cámara. Vestuario: Estefanía García Faure. Coreografía: Maia Roldán. Elenco: Martín “Campi” Campilongo, Dani “La Chepi”, Albana Fuentes, Pablo Albella, Dante Barbera, Giovanna Diotto Callejón, Alejandro Vázquez, Silvana Tomé, Damián Iglesias. Teatro: Liceo (Rivadavia y Paraná, C.A.B.A.). Funciones: de miercoles a viernes 20 Hs., sábados 18 y 20,30 hs; domingos 16 y 18,30 hs. Nuestra opinión: buena.
Hay espectáculos que nacen con una ventaja afectiva imposible de soslayar: el recuerdo . Papá por Siempre (Mrs. Doubtfire), versión musical del entrañable film homónimo, llega al escenario porteño —tras su recorrido por Londres, Nueva York y Brasil— montada, nunca mejor dicho, sobre la memoria colectiva que dejó Robin Williams; y ese es, al mismo tiempo, su mayor capital… y su riesgo más delicado.
Porque el público no entra a la sala en blanco: entra con la película en la cabeza, con sus climas, su humor y su emoción intactos. El musical debe entonces justificar su existencia no sólo desde la nostalgia, sino desde su propio lenguaje. Y es allí donde aparece la zona más discutible de la propuesta.
Un musical eficaz como comedia… pero intrascendente en lo musical
La música y letras de Wayne y Karey Kirkpatrick cumplen su función narrativa, pero rara vez trascienden. El espectáculo funciona con precisión como comedia teatral —los gags entran, el ritmo no decae, la historia fluye— aunque como musical deja una sensación de liviandad. No hay temas que permanezcan, ni momentos donde la música se vuelva verdadero motor dramático. Y en un género que se define, justamente, por su partitura, allí radica el principal inconveniente: lo teatral está muy bien resuelto; lo musical, en cambio, resulta más ilustrativo que esencial.
Esto sucede a pesar de contar con músicos en vivo en el foso y una dirección musical de Gaspar Scabuzzo, que conduce con solvencia a un conjunto instrumental de gran nivel. El sonido es cuidado, profesional, incluso lujoso. Pero la calidad de ejecución no alcanza a compensar una escritura que rara vez despega.
Dirección y rubros técnicos al servicio del entretenimiento
La adaptación de Marcelo Kotliar y Macarena del Mastro privilegia la síntesis y la agilidad, mientras que la dirección de Ariel Del Mastro entiende que el espectáculo debe avanzar sin detenerse demasiado en sutilezas psicológicas: esto es timing, transformación y vértigo.
La escenografía de Jorge Ferrari y Andrea Mercado resuelve con practicidad los múltiples espacios; la iluminación de Santiago Cámara acompaña con precisión los maping y traslaciones como encuadre; el vestuario de Estefanía García Faure —pieza clave del artificio— sostiene con eficacia las metamorfosis; y la coreografía de Maia Roldán aporta dinamismo al esfuerzo. Todo está pensado para que el engranaje no se detenga.
Campi: carisma, entrega y un papel a su medida
Encara un rol de desgaste físico y precisión rítmica casi atlética. No imita a Williams —decisión sabia— sino que construye una versión propia, más ligada a la tradición del actor popular argentino, con timing de comedia clásica, algo de revista, algo de clown y bastante humanidad.
Campi trabaja. Y se nota que trabaja mucho…
Canta, corre, cambia, reaparece, sostiene escenas que podrían desmoronarse si no hubiera alguien marcando pulso interno. Donde el libreto simplifica, él agrega intención; donde la adaptación se queda en lo anecdótico, él busca verdad emocional sin caer en el melodrama. Su Mrs. Doubtfire no es la copia imposible del original: es una criatura teatral, más terrenal, más cercana, y por eso funciona.

Un elenco sólido que acompaña
La Chepi, una eleccion acertada y hasta «novedosa» aporta frescura, humor y una presencia que dialoga muy bien con el tono general, siendo buena partenaire a Campi.
El trío de hijos está encabezado por Albana Fuentes, quien ya había demostrado su proyección en La Sirenita y aquí vuelve a escena exhibiendo un notorio caudal y seguridad vocal. Junto a sus hermanos en la ficción, Joaquina Richards y Dante Barbera, conforma un conjunto que funciona con frescura y naturalidad, aportando la cuota de espontaneidad necesaria para que la dinámica familiar resulte verosímil, sin caer en la caricatura infantil.
Completan el elenco Pablo Albella, Alejandro Vázquez , Gabriela Bevacqua, Nahuel Adhami, Silvana Tomé, Matías Acosta y Damián Iglesias los cuales logran balancear con naturalidad actuación y canto medido.
Un musical que entretiene… y no pretende ser otra cosa
¿Es un musical indispensable? No.
¿Es un musical eficaz? Sí.
¿Está hecho con profesionalismo, esfuerzo y conciencia de sus límites? Sin duda.

Y aquí entra el Dr. Merengue, que venía benevolente… pero tampoco ingenuo.
…»Porque seamos francos: uno sale del teatro contento, sí, pero también con la sensación de que el corazón del espectáculo late más por el esfuerzo humano que por la inspiración musical. Es como un banquete muy bien servido… donde el plato principal era, en realidad, el pan»…
El público se ríe, aplaude, celebra los cambios de vestuario, admira el despliegue físico —merecidísimo— y agradece la entrega del elenco. Pero cuando intenta recordar la canción, esa que debería perseguirlo hasta la parada del «colectivo»… aparece un amable silencio.
Es decir, entre nos “Muy divertido todo… ¿pero alguien tarareó algo?”
Pero claro: cuando hay actores defendiendo el escenario con semejante compromiso, el espectáculo nunca se cae del todo. Aquí hay profesionales empujando la carroza cuesta arriba con dignidad, carisma y técnica, logrando que el viaje sea disfrutable aunque el motor musical no siempre responda.

El trabajo de un critico es dificil, pues para el consumidor de criticas de teatro es dificil saber cuando se esta leyendo una buena critica o no. Del lado del expectador, el mio, la dificultad consiste en encontrar un critico que coincida con nuestros gustos y pareceres. Ya que imagino que el secreto es encontrar un critico con el que coincida la mayor parte del tiempo para poder ahorrarme plata ante un fiasco. Ya me paso con Piazzola Eterno que coincidi mucho en la evaluacion de usted. Me gusta el estilo y franqueza que vuelca. Aqui me gusta que tiene ese olor a genuina y me invita a comprobar la obra con mis propios ojos/oidos. Lo seguire leyendo. Bien ahi.
Muchas gracias mi estimado