domingo, 3 de mayo de 2026
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Normalidad… (andá a contárselo a Magoya

LECTURA RECOMENDADA

Mis queridos Argentum terrícolas, buenos días. Si están leyendo esto, felicitaciones: sobrevivieron otra semana en el manicomio a cielo abierto llamado realidad. Yo ya no sé si seguimos en Argentina, si nos mudaron de galaxia o si directamente fuimos invadidos por el Planeta Mongo y nadie nos avisó por cadena nacional.

Porque convengamos algo: esto ya no es política, es varieté interplanetaria.

Arranquemos por la Casa Blanca. Cena elegante, copas altas, mozos discretos, invitados creyendo que iban a comer tranquilos. De pronto: alarma, corridas, agentes saltando como si regalaran bonos del Tesoro, y al presidente Donald Trump con la primera dama los sacan eyectados más rápido que una promesa electoral incumplida.

Los invitados quedan sentados con cara de “¿seguimos con el salmón o nos tiramos al piso?”.

Y aparece el supuesto atacante, prolijamente acomodado, listo para la foto, casi con cartelito identificatorio. Yo no desconfío jamás. Solo observo que si ese pseudo atentado estaba más preparado, lo producía Hollywood con libreto de Jerry Lewis y dirección de Lucille Ball.

Faltó que el mozo gritara: “¡Mesa cuatro, un magnicidio tibio y dos cafés cortados!”

Pero tranquilos, porque volvemos rápido a casa, a nuestra amada Argentina, donde en el Congreso de la Nación Argentina el señor Manuel Adorni explicó la economía y, de paso, nos regaló una masterclass de cómo crecer patrimonialmente sin que se despeine el flequillo. Préstamos por aquí, ahorros por allá, números que cierran solos, departamentos que brotan como hongos después de la lluvia y cuentas que florecen en maceta propia. Una belleza pedagógica.

Mientras la gente compara precios del arroz con una calculadora llorando, algunos convierten ingresos normales en propiedades premium con la facilidad de quien canjea figuritas.

Yo propongo que se enseñe en escuelas:

Método Adorni para el Progreso Inmobiliario

  1. Cobrar razonable.
  2. Pedir préstamos milagrosos.
  3. Declarar con cara seria.
  4. Amanecer dueño de un dos ambientes con balcón parrillero.

Eso no es economía. Eso es magia negra con escribano matriculado.

El argentino promedio tarda treinta años en juntar para la entrega de un monoambiente húmedo con vista al pulmón de manzana. Otros te cuentan un departamento como quien dice: “Pasé por la ferretería y ya que estaba compré un PH”. Y lo más extraordinario no son los bienes. Es la serenidad con que lo cuentan. Esa calma zen de quien cree que el público nació ayer.

Mientras tanto, miramos a Oriente, donde la guerra funciona como timbre roto: suena, no suena, explota, se calma, vuelve, se negocia, se incendia otra vez. Un día hay tregua, al siguiente la tregua está bombardeada.

Uno prende la TV: —Máxima tensión mundial.
Cambia de canal: —Todo controlado.
Vuelve al primero: —Urgente: escalada sin precedentes.
Pasa a otro: —Especial cocina árabe.

¿La verdad? Qui lo sa.

Yo ya propongo invocar a Aladdin por mediumnidad fantástica para que salga de la lámpara y diga: —Muchachos, ni en Agrabah teníamos tanto enredo.

Y cuando creemos haber tocado techo, desde el espacio profundo vuelve a comunicarse la Voyager 1. Los científicos esperaban noticias de civilizaciones avanzadas, respuestas cósmicas, inteligencia superior.

¿Y qué hay allá afuera?

Nada. Ni marcianos and others. Ni shopping galáctico. Ni duty free universal. Ni sindicato alienígena. Un baldío sideral.

Lo cual confirma mi hipótesis: todo lo raro del universo quedó estacionado en Argentina.

Entonces pregunto, compatriotas peripatéticos: ¿no estaremos ya gobernados por el Planeta Mongo? Porque si uno suma pseudo atentados gourmet, patrimonios mágicos, guerras por delivery y un país donde cargar la SUBE requiere crédito internacional, la teoría cobra fuerza.

Nos prometieron el cohete de Carlos Menem que hacía un agujero y salía a China. Nunca salió. Y menos mal, porque si llegábamos así, nos devolvían.

Mi propuesta final es patriótica: hagamos una fiesta nacional del disparate. En el «Borda Center». Invitados Trump, Adorni, analistas de guerra, economistas de televisión y toda la comparsa estable.

Código de vestimenta: capa, galera y factura impaga. Todos disfrazados de Mandrake the Magician. Y cuando alguien pregunte si esto puede empeorar, respondemos con la sabiduría ancestral de nuestra civilización: ANDÁ A CONTARLE A MAGOYA.

Porque al cierre de esta semana histórica, Trump corre, Adorni multiplica ladrillos, Oriente chisporrotea, la Voyager bosteza y usted mañana madruga.

Eso, queridos Argentum terrícolas, no es locura. Es normalidad administrada.

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