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Macbeth del Maestro Verdi en un juego cinematográfico, abrió de manera arrolladora la Temporada de La Scala 2021/22

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La historia de La Scala de Milán está repleta de noches de gloria, pero la ofrecida anoche será a buen seguro recordada, pues supuso el regreso de su Prima, la apertura de la temporada lírica, suspendida por la pandemia el pasado año, con un cruel Macbeth que gustó a su exigente (y temido) público.

Sus cantantes fueron absolutamente arrolladores en sus roles. Anna Netrebko, en cuerda ideal, pero sobre todo en interpretación fue una Lady Macbeth antológica, sus gestos y parada escénica demuestran ampliamente la estrella que es, prima donna que abarca todo tipo de matiz vocal. Sus dos grandes momentos dramáticos como “La lunce Langue” y su gran escena del Sonambulismo, la colocó en el podio estelar indiscutiblemente.

Luca Salsi el gran barítono verdiano, dio clase en cuerda como en temperamento de estilo, uno cuando escucha a esta redonda voz como brillante, da pauta que es absoluto en Verdi.

Ildar Abdrazakov, estuvo a la altura de los dos protagonistas de la noche, como su colega Luca Salsi, quienes cumplieron correctamente en sus roles.

Fue de destacar el debut del tenor peruano Ivan Ayón Rivas, el cual ante semejante pléyade de compañeros no quedó atrás en sus relucientes tonalidades vocales en su personaje de Malcom.

El célebre director de orquesta Riccardo Chailly, fue inobjetable en lectura de partitura, en este caso se usó la de 1865, lo cual lleno más de circunspección al Macbeth Verdiano dando mayor clima a la opera con su inclusión del aria “la luce langue”, su ballet como el aria “pietá respetto. amore”. Sus tempos dominaron la escena en todo momento de forma notoria creando grandes climas.

Pero vayamos a otra estrella de la noche, el regista Davide Livermore, el cual  mostró un concepto escénico cinematográfico (hay muchos guiños a la película Brazil del director Terry Gilliam), al ver la majestuosidad escénica planteada, uno no veía la opera común, sino que ingresaba como viendo una película, todo se transformó en creíble, cada interprete jugo en su rol , dando un concepto inclusivo que dio continuidad y no resultando tedioso en ningún momento, sino todo lo contrario, uno es un “big brother” que observa a través de ventanales la acción.

Ahora bien, el conocido “loggione” de Alla Scala, en sus aplausos finales, no le retribuyeron correctamente al regista sino le otorgaron amplios abucheos.  Uno comprende que hay muchos abonados del célebre Teatro Milanés, que no responden al 2021, sino a la tradición clásica, y uno aquí se pregunta, luego de la Grand elocuente versión tanto vocal como teatral, si poseen criterio lógico para mostrar tanto disconformismo.

Pues amigos, el tiempo dará la respuesta, y seguramente será esta producción el ejemplo de lo que uno espera al ver una ópera: voces, intérpretes, concepto claro y lógico. Porta Tanto BRAVO LA SCALA, por esta prima con el MACBETH…

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