AMARGA NAVIDAD. (España, 2026). Dirección y guión: Pedro Almodóvar. Duración: 111 minutos. Intérpretes: Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Victoria Luengo, Patrick Criado. Nuestra calificacion: regular
Hay conciertos que trascienden el formato habitual para transformarse en un acto de memoria cultural. La presentación de Jairo interpretando el repertorio de Borges junto a la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto y el Coro Polifónico Nacional tuvo precisamente esa dimensión: la de un homenaje profundamente argentino, sostenido en la palabra, el refinamiento musical y una sensibilidad que escapó de toda grandilocuencia.
Desde el inicio, la dirección del maestro Ezequiel Silberstein mostró inteligencia estilística y comprensión del universo sonoro que proponía el programa. Lejos de caer en el exceso sinfónico, supo conducir a la Filiberto con equilibrio y elegancia, permitiendo que la orquesta respirara junto al texto borgiano. Hubo muy buenos momentos en las cuerdas y una notable paleta tímbrica en las maderas, mientras que el Coro Polifónico Nacional aportó densidad sonora y un marco expresivo de gran nobleza, especialmente en los pasajes más introspectivos de la noche.

Pero el verdadero centro emocional estuvo en Jairo. Dueño de una presencia escénica intacta, volvió a demostrar que no hace falta exagerar para conmover. Su canto conserva aquello que hoy parece en vías de extinción: el arte de decir. Cada poema tuvo intención, matiz y sentido. No cantó simplemente canciones; narró historias, evocó climas y construyó imágenes. En “Jacinto Chiclana” apareció el color arrabalero con naturalidad admirable, mientras que “Milonga de dos hermanos” encontró un tono de melancolía sobria y profundamente porteña.
Lo más valioso del concierto fue precisamente esa capacidad de recuperar a Borges desde un lugar humano y cercano. Sin solemnidades innecesarias ni intelectualismos forzados. Borges volvió a sonar nocturno, melancólico, irónico y popular. Y allí radicó uno de los mayores méritos de la propuesta.
La respuesta del público fue inmediata. El silencio respetuoso durante cada interpretación y la ovación final confirmaron que la emoción había llegado sin artificios. En tiempos donde muchas producciones parecen necesitar golpes de efecto constantes para sostener la atención, esta velada apostó únicamente por la música, la poesía y la verdad interpretativa.
Y ahora sí… aparece el Dr. Merengue.
“Qué curiosa época ésta… donde algunos creen que hacer cultura consiste en poner pantallas LED gigantes, mover luces como en un aeropuerto internacional y disfrazar cualquier canción con bases electrónicas para parecer modernos. Mientras tanto, llega Jairo, se para frente al público con una orquesta y poemas de Borges… y deja a todos mudos. ¡Mudos! Algo casi revolucionario en estos tiempos de celulares encendidos y aplausos antes de tiempo.”
“Y atención a otro detalle: qué placer escuchar a alguien que entiende las palabras que canta. Porque últimamente abundan intérpretes que vocalizan como si estuvieran pidiendo turno en una verdulería. Jairo, en cambio, frasea, respira, dice y emociona. Parece sencillo… justamente porque sabe hacerlo.”
“Y Silberstein merece párrafo aparte. Dirigir acompañando al cantante sin querer transformarse en la estrella del espectáculo hoy casi es un acto de humildad zen. Algunos directores modernos parecen convencidos de que están conduciendo la Novena de Mahler aunque tengan enfrente una milonga de Borges. Aquí no. Aquí hubo estilo, criterio y musicalidad.”
“En definitiva: una noche donde la cultura argentina recordó que todavía puede ser elegante sin ser aburrida, profunda sin ponerse solemne y popular sin caer en la vulgaridad. Milagro nacional, señores.”
