jueves, 30 de junio de 2022
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AEROPLANOS, de Carlos Gorostiza… Volando hacia nuevos rumbos…

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El teatro, afortunadamente, sigue gozando de buena salud.  Y esto no es sólo en las grandes ciudades de nuestro país, o en especial en Buenos Aires, con sus teatros oficiales, teatros privados, circuitos off, espacios alternativos…  También ocurre en todo tipo de ciudades, con grupos independientes, salas diversas…    Es así como de esos lugares surgieron notables actores, autores, directores, escenógrafos, que lograrían un lugar destacado en el teatro nacional.

Es por eso que nos ocuparemos de un estreno teatral en Quilmes, ciudad a unos veinte kilómetros al sur de Buenos Aires, a orillas del Río de la Plata.  Quilmes, famosa además de por una centenaria cervecería, reconocida por su Universidad y foco cultural (más o menos activo, según las épocas), sede de una Escuela de Arte, Museo de Arte, otros museos, salas de exposiciones, salas de teatro independientes, teatro municipal, centros culturales privados.

Precisamente en uno de estos últimos, la Casa de Arte DOÑA ROSA (que cuenta con dos salas de teatro y salas de exposiciones de Arte,  además de espacios para talleres), se acaba de presentar AEROPLANOS, de Carlos Gorostiza.

Gorostiza (1920-2016) fue uno de los dramaturgos más destacados y prolíficos de la segunda mitad del siglo XX, hasta su muerte.  Con obras como “El puente” (1949), la notable “El pan de la locura” (1958), “¿A qué jugamos?” (1968), “Los hermanos queridos” (1978) o “El acompañamiento” (1981) escrita para ser representada dentro del famoso ciclo “Teatro Abierto” donde las más destacadas figuras de la actividad teatral se unieron para generar un espacio en plena dictadura para hablar de un tema ausente en esos momentos:  la libertad.

Con “Aeroplanos” Gorostiza nos acerca a la vejez de dos personajes en un día de sus vidas (parte de una mañana y parte de una tarde).  Ellos son Paco (Francisco, o Gallego, o Patón), ex jugador de fútbol y dueño de un almacén que fuera de su padre y ahora es de su hijo, y su entrañable amigo Cristo (Cristóbal), quien lo visita diariamente, quien también fuera futbolista no profesional y empleado de correos hasta su retiro.  Sesenta años de amistad ininterrumpida.  Recuerdos y experiencias desde la juventud, tiñen las conversaciones de estos entrañables amigos, ambos viudos, al compás del vals “Aeroplanos” que suena a veces en un viejo tocadiscos.

Pero ese día,  más allá de los naipes, las discusiones cual dos niños, el devenir de los recuerdos,  no será un día más.  Pues ambos están afrontando dos situaciones personales (uno de salud, otro familiar) que harán de alguna manera eclosión ese día,  pero que servirán para que “la rutina cambie” y un sueño se haga realidad.  Tal vez, sea el momento de “remontar vuelo”, ambos…, juntos.

Para esta puesta teatral se eligió criteriosamente la sala más pequeña de la Casa de Arte, lo que permite un gran acercamiento a la acción teatral, casi intimista.  Ese realismo cotidiano que es una característica en la dramaturgia  de Goristiza fue correctamente manejado por la mano de Rodolfo Canessa, director de experiencia, especialmente en este tipo de dramaturgia.  Los personajes están a cargo de Carlos Fernández (Cristo) y Osvaldo Camino (Paco), ambos con amplia trayectoria (al igual que el director) en el teatro independiente.  Fernández nos ofrece una composición más contenida, mientras que Camino logra expresar una mayor variedad de matices (en función de su personaje);  contrapunto de las personalidades de Cristo y Paco, claramente puesto de manifiesto en las actuaciones.

En definitiva, una muy válida y lograda propuesta que nos acerca a una pieza ya clásica de uno de nuestros notables dramaturgos.  Y como siempre, gracias al TEATRO, que nos hace volar! Esta vez… en aeroplanos

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