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Tomas Mayer Wolf: el maestro detrás de los musicales

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Buenos Aires, Argentina, 11/ 12/ 2025. En un país donde la música siempre llega antes que las palabras, el nombre Tomás Mayer Wolf aparece como uno de los articuladores más lúcidos del teatro musical contemporáneo. Director musical, compositor, arreglador y heredero —consciente o no— de la tradición emocional rioplatense, Mayer Wolf ha logrado algo notable: convertir al musical en un espacio de verdad, donde las historias no sólo se cantan, sino que se sienten con la intensidad incómoda y necesaria que tienen las cosas importantes.

A día de dirigir Clásicos del musical, homenaje sinfónico a los grandes compositores del género en el Palacio Libertad, conversamos con él.
En esta entrevista —amplia— repasa su camino, reflexiona sobre el musical en la Argentina, recuerda su década con Les Luthiers y analiza cómo el público cambió para siempre su modo de escuchar.


Clásicos del Musical: una gala sinfónica que reescribe el mapa del musical

—Tomás, empecemos por este concierto «Clásicos del musical» en el Palacio Libertad. Se percibe como un homenaje ambicioso, casi panorámico. ¿Cuál fue la idea fundacional?
—La propuesta llegó con una consigna muy clara: homenajear a los grandes compositores del musical. Pero no desde la nostalgia ni desde la imitación literal, sino desde la perspectiva de hoy. Pensar en Sondheim, en Andrew Lloyd Webber, en Rodgers & Hammerstein, en Kander y Ebb… como arquitectos de un lenguaje que sigue respirando. Yo quería que el concierto no fuera sólo una sucesión de canciones, sino una narrativa emocional.

—¿Por eso decidiste trabajar con medleys?
—Exacto. El medley me permite construir una dramaturgia musical. No es una playlist de éxitos: es un recorrido. A veces un fragmento de Company te lleva naturalmente hacia Follies. O un momento sombrío de Sweeney Todd se conecta con la oscuridad poética de Les Misérables. Los medleys ordenan esa memoria colectiva y la vuelven experiencia.

—La Orquesta Nacional de Música Argentina «Juan de Dios Filiberto» no suele abordar repertorio de musicales. ¿Cómo dialogaron con esa orquesta?
—Con enorme respeto.Es una orquesta impresionante y sus solistas estuvieron entusiasmados con salir de su repertorio habitual. Trabajaron con disciplina y curiosidad. Y para mí fue fundamental asimismo, incluir un bloque dedicado a compositores argentinos: Gianni, Mahler, Favero. Si vamos a hablar de historia, la nuestra también merece su partitura.

—Y sumaste un elenco sólido del teatro musical argentino.
—Sí. Magalí Sánchez AllenoMaría Álvarez de ToledoPilar MuerzaMartín RuizNacho Pérez Cortés y Walter Canella. No sólo son voces extraordinarias: tienen sensibilidad, inteligencia interpretativa y oficio. Son artistas que entienden que el musical ya no es sólo «cantar lindo», es contar una verdad.

Casi Normales: el musical que cambó la agenda emocional del país

—Tu nombre se asocia inevitablemente a Casi Normales. ¿Qué representó esa obra para vos?
—Un antes y un después. Yo sabía que la obra era fuerte, pero no imaginé el impacto que tendría acá. En Argentina, cuando hablás de familia, de pérdida, de salud mental, de vínculos fracturados… eso resuena profundamente. Acá el dolor vibra distinto. Es más directo, más visceral. Y Casi Normales tocó una fibra que estaba esperando ser nombrada.

Asimismo, en tu ultima versión de «Next to Normal immersive», se llevó al espectador a otro nivel de intensidad .
— Si, el espectador fue parte de la escena. Cada ubicación es un punto de vista distinto, casi cinematográfico. Si la obra ya era emocionalmente total, la versión inmersiva la volvió una experiencia. El público no sólo miro: estuvo dentro de la mente de los personajes.

Querido Evan: una carta abierta a una generación

—Con Querido Evan pasó algo similar: un impacto que superó expectativas. ¿Por qué creés que funcionó tan bien acá?
—Porque habla de la soledad, de la necesidad urgente de ser visto. Y esa herida, en la Argentina, tiene un peso muy particular. Somos un país emocionalmente expansivo, pero también profundamente vulnerable. Querido Evan plantea preguntas sobre identidad, pertenencia, duelo… y la música acompaña ese recorrido de una manera que desarma.

Avenida Q y el humor como cirugía

—El revival de Avenida Q en el Maipo fue un fenómeno. ¿Qué aprendiste de esa experiencia?
—Que el humor, cuando está bien escrito, atraviesa cualquier época. La adaptación de Mela, Nahuel Castillo y Tato fue excepcional porque entendió algo fundamental: el humor local tiene su propia música. El público argentino estaba listo para ese tono: irónico, tierno, ácido, profundamente humano.

Los diez años con Les Luthiers: una escuela en movimiento

—Pasaste una década con Les Luthiers, una institución cultural. ¿Cómo te marcó esa experiencia?
—Fue mi escuela mayor. Diez años entre ensayo, precisión, escucha, humor inteligente, estructura, disciplina. Los textos de Marcos Mundstock son obras maestras. Yo siempre digo algo: para no hacer reír con esos textos había que esforzarse. Aprendí sobre ritmo, sobre timing, sobre silencio. Y aprendí que la excelencia no es un objetivo: es un método.

—España los recibió con un fanatismo casi argentino.
—Sí. Y eso habla de la universalidad del humor del grupo. En ciudades muy pequeñas, donde quizás no había tradición de comedia musical, Les Luthiers convocaba a multitudes. Para mí fue un privilegio inmenso formar parte de ese fenómeno.

El musical argentino: identidad, busqueda y frontera

—Hay una pregunta inevitable: ¿estamos construyendo un musical argentino propio?
—Yo creo que sí. Siempre vamos a dialogar con Broadway, pero cada vez aparecen más voces locales con identidad propia. Hay dramaturgos que entienden la idiosincrasia argentina, compositores que trabajan desde nuestra sonoridad emocional, directores que no imitan sino que reinterpretan. Y eso es hermoso de ver.

—Sos de los que creen que el musical ya no necesita la “canción tarareable”.
—Totalmente. Hoy el musical necesita verdad. Coherencia emocional. La melodía sigue siendo importante, claro, pero el centro está en la experiencia. El espectador quiere sentir. Quiere entrar en la historia y no salir ileso.

—Y además el formato cambió.
—Sí. Los musicales son más compactos, más intensos. Ya no se busca la gran duración, sino la intensidad justa. Y eso habla de una sociedad que cambió su manera de vincularse con el arte.

Proyectos: reestreno Next to Normal «immersive» (en castellano) …

—¿Qué sigue ahora para vos?
—A corto plazo, cerrar el concierto de mañana y seguir ensayando Casi Normales Inmersivo (esta vez en español), que reestrena el 16 de enero. Después, vacaciones. Necesarias, largamente postergadas. Y en el horizonte… la asignatura pendiente de escribir mi propio musical. Tengo ideas, tengo materiales, tengo ganas. Falta el momento adecuado.

La invitación final al concierto «Clásicos del musical«

—Tomás, si pudieras resumirle al lector lo que representa este concierto homenaje, a los Clasicos del Musical, ¿qué le dirías?
—Que es un homenaje a la música que amamos. Que es un viaje por la memoria emocional del musical. Que la Filiberto suena extraordinaria, que el elenco es magnífico y que las canciones —estas canciones— tienen algo que sigue tocándonos profundamente. Y que me encantaría que vengan.
Este sábado, a las 20 hs. los espero en el Auditorio Nacional del Palacio Libertad, los espero con el corazón abierto para disfrutar del concierto Clásicos del Musical, con solistas y la Orquesta Nacional de Música Argentina «Juan de Dios Filiberto»

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