Giselle, ballet en la cumbre de lo aesthetic… Teatro Argentino de La Plata

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GISELLE Con música de Adolphe Adam

Coreografía: Lilian Giovine (basada en las originales de Jules Perrot,

Jean Coralli y Marius Petipà)

Orquesta y ballet estable del Teatro Argentino La Plata

Dirección musical: Carlos Jaimes

Roles protagónicos

Giselle: Julieta Paul (8y10) Melisa Heredia (9)

Albrecht: Bautista parada (8y10) Miguel Angel Klug (9)

El resto de los roles a cargo del ballet estable del teatro

Uno puede pensar que las tendencias son abrumadoras, pero ver la sala llena ovacionando una historia romántica donde la protagonista muere literalmente de amor lleva a pensar que hay cosas que no cambian.

La fantasía, la magia, trabajar todo el día y llegar al teatro a disfrutar de esta partitura y la maravilla de este evento estético, pagan la semana.

Para los platenses (y mucha gente de la zona hasta capital) tener funciones de teatro es una alegría y una bendición.

Podemos discutir largo y tendido sobre el estado del arte, de la infraestructura del teatro, del estado de los artistas, de por qué no podemos ofrendar pagando aunque sea una entrada a precios populares (que garantice una ubicación) podemos discutir, pero a la hora en que se apagan las luces la emoción se lleva todo.

Hagamos un poco de historia, Giselle es una aldeana, inocente e ingenua que se enamora del galán equivocado, inmersa en un triángulo amoroso se decide por el que terminará, rompiéndole el corazón (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia chicas). Todo esto condensado en un primer acto entre costumbrista y dramático.

El segundo se pone mejor, Giselle en un mundo fantástico, el “mundo de las novias engañadas” (lleno pues), las “Willis” que con reina y todo danzan a la luz de la luna y atraen a los viles para hacerlos bailar hasta desfallecer.

Todo esto musicalizado con una partitura exquisita, la orquesta a cargo de Carlos Jaimes sonó correcta, aunque en algunos pasajes las cuerdas eran sobre pasadas por la percusión y los bronces se mandaban algunas travesuras. Jaimes dirige sin batuta pero eso no debería ser un problema en una obra de repertorio habitual en los teatros y que requiere de un ensamble no tan complejo como otras. Los tempis sonaron correctos, pero le falto vuelo melódico, no llegaron a lucirse los solistas de la orquesta ni los tuttis.

El ballet estable del argentino no decepciona, Lilian Giovine buscó pequeños cambios en la puesta, pero se mantuvo muy respetuosa de la creación original y de las posibilidades técnicas del ballet.

La escenografía era el multiusado telón del cementerio que suele evocar más un capítulo de Scooby Doo que la gracias de la madre Rusia.

La iluminación ayudó a completar la evocación entre escenas, fundamental para el segundo acto; también se animaron a una proyección sobre el telón de una Giselle ya transformada en Willis que no desagradó al tono de la puesta.

Vimos la primera función con Julieta Paul como Giselle, una bailarina que disfrutamos desde hace varias décadas en la ciudad y que aportó toda su experiencia, gracia y exactitud coreográfica. Bautista Parada gustó, pero el personaje le juega en contra, hay que esforzarse mucho para agradar al público y en esta ocasión fue demasiado cumplidor, no se jugó como solista.

¿Por qué Giselle y el ballet son la cumbre de lo aesthetic? Pues porque es lo que produce placer a la vista y no hay nada más tranquilizador que un cuadro blanco con sus tules, gasas y suspiros.

Uno piensa en las cosas simples que pueden producir alegría, buena música, un café, unas plantas o un gran libro, todas ellas listas para disfrutar, para colmarnos la vida. La pregunta es, entonces, si son buenas para compartir o nos ayudan a evitar corazones rotos y desilusiones…

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