martes, 3 de febrero de 2026
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La Madre y el Torbellino de Cecilia Roth en el Teatro Picadero

LECTURA RECOMENDADA

LA MADRE de Florian Zeller. Versión de Massllorens- Del Pino. Elenco: Cecilia Roth, Gustavo Garzón, Martin Slipak, Victoria Baldomir. Dirección: Andrea Garrote. Música Original: Ismael Pinkler. Escenografía: Micaela Sleigh. Iluminación: Agnese Lozupone. Sala: Teatro Picadero. Funciones: jueves a domingo. Nuestra calificación: muy buena

De la pluma de Florian Zeller, quien parece especializado en desnudar las miserias de la familia moderna, llega La Madre, una obra que lanza a la maternidad a una oscura espiral de obsesiones, vacíos y desesperación. Si con El Padre Zeller nos dejó atónitos ante la crueldad del tiempo, aquí nos sumerge en el frágil estado de una madre cuyos hijos –¡oh, ingrata juventud!– han decidido volar del nido. ¿El conflicto? El “nido vacío”, claro, aunque Zeller se asegura de que este término quede relegado a un segundo plano ante la vorágine de emociones desbordadas de Ana, nuestra protagonista.

Interpretada por una Cecilia Roth que, entre carcajadas y lágrimas, nos lleva de paseo por los rincones más oscuros de su personaje, Ana se sumerge en una locura tragicómica que rebosa de ironía. A este delirio no ayuda en absoluto su marido, interpretado por Gustavo Garzón, quien aporta su granito de arena a la desestabilización emocional de Ana con un detallito conocido por ella: sus infidelidades, convenientemente “sabidas” pero jamás confrontadas. Así, el hogar se convierte en un campo de batalla en el que Roth da rienda suelta a su habilidad para capturar las complejidades de una madre que se desmorona con cada escena, haciendo de su actuación un despliegue visceral que va de la ternura a la explosión, y de la risa a la incomodidad.

Cecilia Roth y el Mapa de la Desesperación Materna

Roth lidera esta tragicomedia con una intensidad que, en manos menos hábiles, podría parecer excesiva; pero ella consigue llevarnos de la mano por el intrincado y doloroso viaje emocional de Ana. Esa risa desesperada, esos cambios de ánimo tan volátiles que casi se sienten como pequeños terremotos: cada matiz en su actuación nos da una pincelada de lo que Zeller parece decirnos sobre la maternidad. Roth se adentra en el delirio de su personaje sin temerle al exceso, logrando que los espectadores sintamos desde el primer momento la vulnerabilidad, la rabia y la ternura de una madre que se aferra a las sombras de un hogar ya vacío.

Mientras tanto, Garzón, en el rol del marido infiel pero apático, se presenta como el punto de contraste perfecto, su calma desconcertante frente al abismo emocional de Ana nos recuerda lo absurdo de su relación. Martin Slipak, en el papel del hijo, completa el cuadro con una mezcla de distancia e incomodidad que refleja la fractura en la relación madre-hijo. Sumado a la novia de su hijo Victoria Baldomir. Estos tres personajes, tan necesarios para sustentar el desequilibrio de Ana, se convierten en sombras que apenas rozan la intensidad de Roth pero que, por momentos, nos devuelven al punto: en LA MADRE, Roth es la estrella absoluta, y ellos, apenas testigos de su caída.

Un Hogar entre Cortinas y sombras

La puesta en escena, con un sofá central y dos mesas laterales, parece la metáfora perfecta del estancamiento de Ana. Los cortinados que enmarcan el escenario aportan tanto una sensación de seguridad como de encierro, acentuando el sofocante sentimiento de aislamiento que recorre la obra. Entre esos espacios, Ana se desplaza en un vaivén constante de emociones, atrapada en una prisión que ella misma ha ayudado a construir. Si el hogar es el refugio de la familia, en La Madre se convierte en un teatro de sombras donde cada rincón le recuerda a Ana lo que perdió y lo que jamás podrá recuperar.

La Comedia Oscura de la Maternidad Desquiciada

Como en toda obra de Zeller, el equilibrio entre el drama y la comedia es tan frágil que la risa se torna en angustia en cuestión de segundos. Roth lleva al público por esa cuerda floja con gran destreza, creando momentos en los que no sabemos si reír o sentir pena. Y en esto radica el genio de la obra: en su capacidad de llevarnos a los extremos emocionales. La Madre no solo refleja el dolor de una madre que ha perdido su rol central, sino que se burla, de alguna manera, de esas expectativas que la sociedad nos impone a todos. Ana no solo lucha contra sus demonios personales, sino contra una idea de maternidad que la devora.

Zeller, con su característico humor ácido, nos arroja al rostro la imagen de una madre cuya vida ha perdido sentido, y a quien cada intento de recobrar el control la hunde aún más. La obra es un ácido comentario sobre cómo el rol de madre se convierte en una identidad omnipresente y asfixiante, y cómo la pérdida de ese rol puede ser tan devastadora que resulta inevitable caer en el absurdo.

La Madre, es una exploración profunda y oscura de la maternidad que nos deja con una sonrisa sarcástica y un nudo en el estómago. Zeller ha creado un espectáculo que, a través de risas y lágrimas, invita a la reflexión sobre el amor materno, la traición y la lucha por recuperar el control en un mundo que, francamente, parece estar desbordándose. Así que, si alguna vez has sentido que ser madre es una aventura digna de un drama de horror, no busques más: LA MADRE es tu boleto de entrada.

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