Concierto de Mozart a Puccini. Haydeé Dabusti (soprano). Rozita Zozoulia (piano). Lugar: Salón Dorado (Teatro Colón). Nuestra calificacion: muy bueno
Buenos Aires, Argentina, 9/12/2025. En el imponente Salón Dorado del Teatro Colón, donde la acústica magnifica cada detalle expresivo, la soprano Haydeé Dabusti ofreció un recital que consolidó, una vez más, la solidez de su carrera lírica.
Junto a la presencia de la Mtra. Rozita Zozoulia al piano —una acompañante refinada de alto impacto, capaz de crear climas, matices y un sostén musical de notable sensibilidad— estableció el marco artístico de la noche, signando el tono camerístico y la profundidad expresiva que dominarían toda la velada.
El recorrido aria por aria
Con “Porgi amor” de Le nozze di Figaro (Mozart), Dabusti abrió la velada con una línea de canto sobria y un fraseo de nobleza contenida. La transición hacia “Io son l’umile ancella” (Adriana Lecouvreur, Cilea) permitió apreciar un lirismo más terrenal, más íntimo, sostenido en un legato de amplia continuidad.
El dramatismo se intensificó con “L’altra notte in fondo al mare” (Mefistofele, Boito), donde la soprano delineó la desesperación del personaje con una expresividad incisiva, cuidada en dinámica y acentos.
En “O mio babbino caro” (Gianni Schicchi, Puccini), optó por un enfoque casi camerístico, sostenido en un timbre que evitó el sentimentalismo fácil.
Con “Addio del passato” (La traviata, Verdi), Dabusti alcanzó uno de los momentos de mayor impacto emocional, abordando la escena con austeridad y una línea vocal que privilegió el íntimo desgarro por sobre cualquier impulso declamatorio.
La caracterización de Mimì en “Sì, mi chiamano Mimì” (La Bohème, Puccini) sumó luminosidad y ternura, mientras que el “Ave Maria” (Otello, Verdi) fue abordada con serenidad y un control vocal que realzó la espiritualidad del momento.
En “Vissi d’arte” (Tosca, Puccini), la soprano desplegó un arco expresivo amplio, sin rupturas, sosteniendo la intensidad desde la coherencia interna del personaje.
La exigencia belcantista de “Casta diva” (Norma, Bellini) encontró en Dabusti un canto de línea extensa y respiración controlada, resolviendo con solvencia la pureza requerida por Bellini.
El cierre formal con “La mamma morta” (Andrea Chénier, Giordano) mostró un dramatismo maduro, articulado desde el texto y cuidado en cada curva melódica.
El encore: una postal luminosa
El aplauso vibrante del público condujo a un “O Sole Mio” elegido como encore, donde la voz de Haydeé Dabusti volvió a desplegar toda su nobleza y expresividad. En el cierre, Rosita Zozoulia asumió un rol decisivo: su acompañamiento, en diálogo con la reverberancia del Salón Dorado, tejió un marco sonoro cálido y expansivo que realzó aún más el brillo vocal de Dabusti. El resultado fue una atmósfera emocionalmente radiante, coronando la velada con un momento de auténtica comunión artística.
Conclusión
La presentación de Haydeé Dabusti, en el marco incomparable del Salón Dorado del Teatro Colón, se afirmó como un recorrido emotivo, sólido y de clara madurez artística.
La intervención de Rosita Zozoulia, enmarcó un recital donde ambas artistas hicieron converger técnica y sensibilidad, logrando una velada de auténtico relieve musical.
