martes, 24 de febrero de 2026
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Editorial de Domingo — Recetado y firmado por el Dr. Merengue

LECTURA RECOMENDADA

Queridos pacientes de esta clínica llamada Argentina:

Les habla su médico de guardia permanente, el Dr. Merengue, especialista en patologías cívicas, resfríos institucionales y esguinces de sentido común.
Vengo a traerles el parte semanal, que no es alentador… pero al menos es entretenido.

Semana Nº… ya perdí la cuenta: “El país explicado por nadie”

El síntoma principal se manifestó en el Congreso de la Nación Argentina, donde sus señorías protagonizaron una sesión que la ciencia todavía analiza.
A primera vista parecía un debate legislativo.
Luego se asemejó a una asamblea estudiantil sin mate.
Finalmente derivó en algo más cercano a un casting de oratoria desesperada.

Se discutió una reforma “fundamental”.
Fundamental porque —según explicaron— cambia todo.
¿El qué? Bueno… eso se verá más adelante.
¿Dónde está escrito? En un documento extensísimo que nadie cita completo, como esas recetas médicas cuya letra ni el farmacéutico descifra.

El país asistió a la escena con esa expresión tan nuestra:
ceja levantada, media sonrisa y la sospecha de que nos están vendiendo un electrodoméstico sin cable.

Buenos Aires: la capital del optimismo performático

Mientras tanto, en Buenos Aires ocurre un fenómeno fascinante:
la realidad y el relato viajan en carriles separados, como matrimonio antiguo que ya no discute pero tampoco se habla.

En los discursos:

“Señales de recuperación.”
En la calle:
“¿Cuánto está el kilo de señales?”

La ciudad funciona como una pecera climatizada donde se anuncian primaveras económicas mientras afuera sopla ese vientito polar llamado “fin de mes”.

El ciudadano argentino: nueva especie adaptativa

La evolución ha hecho lo suyo.
El homo argentinensis desarrolló habilidades inéditas:

  • Detecta una contradicción antes de que termine la frase.

  • Puede escuchar tres versiones opuestas sin sufrir daño cerebral.

  • Sonríe ante anuncios grandilocuentes como quien oye promesas de un mago infantil.

Informarse hoy no es leer noticias: es practicar arqueología.
Hay que excavar entre titulares, soplar el polvo del dato, y comprobar que no sea una réplica de utilería.

El gran momento internacional (o la reunión de los salvadores del universo)

Y como broche, aparecieron esas cumbres solemnes donde se habla de rediseñar la humanidad, refundar el planeta y reorganizar la civilización.

¡Magnífico!
Nosotros todavía no logramos organizar una fila sin discutir… pero vamos a reconfigurar el mundo.

El argentino promedio observa esas epopeyas globales mientras calcula si el café lo toma en taza o lo financia en cuotas.

Diagnóstico final del Dr. Merengue

Después de auscultar a la Nación con mi estetoscopio marca “Realidad Plus”, confirmo:

El problema no es la crisis.
El problema es la sobreactuación.

Tenemos:

  • dirigentes que hablan como trailers de película épica,

  • leyes que parecen escritas por guionistas de suspenso,

  • explicaciones que aclaran menos que un vidrio empañado,

  • y un pueblo que ya no se indigna: observa.

Observa como quien mira una comedia larga.
Muy larga.
Demasiado larga.

Conclusión clínica (ligeramente grotesca, porque la ciencia también se divierte)

La Argentina no es un país.
Es un experimento teatral.

Un enorme escenario donde:
uno declama,
otro corrige,
otro acusa,
otro promete,
y al final nadie sabe quién tenía el libreto…
pero todos siguen actuando para que no se note.

Y nosotros, queridos compatriotas, no somos público ni protagonistas.
Somos los utileros: sostenemos el decorado para que la función no se caiga.

Se despide el Dr. Merengue.
Vuelvo el próximo domingo, salvo que para entonces hayamos descubierto la cura.

No para la economía.
Para el absurdo.

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