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Con amor, Kander & Ebb: Broadway en clave íntima

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Con amor, Kander & Ebb. Texto, dirección e Iluminación: Iñaki Agustín. Dirección musical y piano: Nicolás Di Lorenzo. Intérpretes: Sofía Val y Mariano Condoluci.  Vestuario: Luiggi Broadway. Sala: Border (Godoy Cruz 1838). Funciones: viernes a las 20 hs. Nuestra opinión: muy bueno.

En el territorio del café concert, donde la cercanía desarma las convenciones y el intérprete queda expuesto sin demasiados refugios, Con amor, Kander & Ebb encuentra su razón de ser. El espectáculo rinde homenaje a John Kander y Fred Ebb, una de las duplas fundamentales de la historia del musical estadounidense, responsables de títulos emblemáticos como Cabaret, El beso de la mujer araña, La mujer del año y Chicago. Pero lejos de convertir el repertorio en una exhibición de museo, la propuesta elige otra vía: la del encuentro directo, el humor, la sensualidad y la complicidad con el espectador.

Sofía Val y Mariano Condoluci afrontan este recorrido sin parapetarse detrás de personajes ni recurrir a la solemnidad de quien parece pedir permiso para interpretar a los grandes. Se presentan desde su propia identidad artística, con voces de personalidad definida y una complicidad que constituye uno de los principales atractivos de la velada. En lugar de limitarse a reproducir canciones consagradas, juegan con ellas, las hacen propias y exploran sus diferentes matices, alternando la ironía con la emoción y el desenfado con la sensualidad.

Esa elección tiene sus riesgos. En un repertorio de semejante tradición, la tentación de convertir cada número en una demostración vocal puede resultar tan seductora como contraproducente. Val y Condoluci, sin embargo, encuentran buena parte de su fortaleza en la naturalidad y en la disposición a exponerse. La interpretación no busca siempre el efecto grandilocuente: por momentos, prefiere el gesto pequeño, la mirada cómplice o el matiz que transforma una canción conocida en una experiencia personal. La sinceridad escénica se convierte así en una herramienta expresiva, no en un mero argumento de promoción.

Al piano, Nicolás Di Lorenzo cumple una función que excede el acompañamiento musical. Su presencia se integra al juego teatral y contribuye a sostener el ritmo de una propuesta que se mueve entre la confesión y el festejo, sin establecer fronteras rígidas entre la canción y la escena. El piano no es aquí un simple soporte: participa de la conversación, respira con los intérpretes y ayuda a construir la atmósfera íntima que el espectáculo necesita.

La frase «Hay canciones que no se cantan», que aparece durante la función, condensa una de las claves de la propuesta. El repertorio no pretende ser una antología definitiva de Kander & Ebb ni recorrer sus partituras con pretensiones enciclopédicas. La selección responde, ante todo, a una relación afectiva con el material. Y esa decisión, aunque supone dejar fuera la ambición panorámica, le permite al espectáculo encontrar una identidad propia: no se trata de cantar todo lo que merece ser recordado, sino de compartir aquello que, para estos intérpretes, merece ser dicho desde el escenario.

El cierre con New York, New York aporta una nota especialmente emotiva. La canción, inseparable del imaginario musical de Broadway y de la ciudad que promete reinventarse a sí misma, funciona como una despedida coherente con el espíritu de la velada. No necesita artificios de gran producción ni una maquinaria escénica desmesurada para alcanzar su efecto. Su fuerza reside en el reconocimiento compartido, en esa memoria musical que el público completa desde su propia experiencia.

Con amor, Kander & Ebb no pretende competir con las grandes producciones ni necesita fingir que juega en esa liga. Su apuesta es otra, y conviene juzgarla dentro de sus propias reglas: un espacio reducido, tres artistas y un repertorio capaz de combinar sofisticación, humor y emoción. En ese marco, la propuesta encuentra sus mejores momentos cuando deja que la música hable sin subrayados innecesarios y permite que la cercanía haga su trabajo.

El resultado es un café concert cálido, personal y honesto, sostenido por la entrega de Sofía Val y Mariano Condoluci, y por la participación musical y escénica de Nicolás Di Lorenzo. Una invitación a reencontrarse con el universo de Kander & Ebb sin solemnidades ni intermediarios, allí donde una canción puede abandonar por un instante su condición de clásico y volver a ser lo que alguna vez fue: una emoción puesta en música.

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