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LA GIOCONDA, regreso triunfal con SAIOA HERNANDEZ en Alla Scala di Milano

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En su día, Amilcare Ponchielli fue considerado el compositor italiano más importante de la generación posterior a Verdi, pero hoy lo conocemos principalmente por La Gioconda, y en particular por su famoso ballet, ‘La danza delle ore’. La historia, basada en Angelo, tirano de Padua de Victor Hugo, está ambientada en Venecia del siglo XVII, donde las conspiraciones y las regatas forman el telón de fondo de la fortuna de la cantante Gioconda. Acosada por el espía Barnaba, lo sacrifica todo para salvar al hombre que ama y a la mujer que él prefiere a ella.

La ópera, estrenada en la Sala del Piermarini el 8 de abril de 1876 bajo la dirección de Franco Faccio, escenografia de Carlo Ferrario y coreografía de Luigi Manzotti, permaneció permanentemente en el repertorio de La Scala hasta mediados del siglo XX, y casi siempre bajo la dirección de los principales directores, empezando por el propio Faccio que la repitió en 1880, 1883 y 1889. Arturo Toscanini está en el podio de la edición de 1907 con Eugenia Burzio, Giovanni Zenatello, Pasquale Amato y Nazzareno De Angelis, luego nuevamente en 1908 y 1927 dirigida por Giovacchino Forzano y otro reparto estelar que incluye a Giannina Arangi Lombardi, Francesco Merli, Ebe Stignani y Tancredi Pasero. En 1915 otra producción fue dirigida por Gino Marinuzzi, quien regresaría en 1938 con Gina Cigna, Beniamino Gigli y Ebe Stignani. En las décadas de 1930 y 1940 La Gioconda también regresa bajo la batuta de Giuseppe del Campo (1936), Franco Ghione (1941) y Umberto Berrettoni (1947 y 1948). Antonino Votto se destaca entre los grandes maestros que apoyaron la obra de Ponchielli, quien la dirigió por primera vez en La Scala en 1934 con Gina Cigna y Ebe Stignani, luego en 1945 y finalmente en 1952 en la edición de referencia dirigida por Mario Frigerio, los decorados de Nicola Benois y la coreografía de Leonid Massine. En el escenario escuchamos a Maria Callas, Giuseppe Di Stefano, Ebe Stignani, Carlo Tagliabue e Italo Tajo. Siguieron, como ocurre con varios títulos interpretados por Callas, cuarenta y cinco años de ausencia. Roberto Abbado devolvió el título a La Scala en 1997 con la dirección de Sonja Frisell y las voces de Eva Urbanova, José Cura, Luciana D’Intino, Nikolai Putilin.

Luego de 25 años, regreso a la célebre Sala Milanesa, con un elenco que asemeja un nudo gordiano por la unión del todo para llevar a buen puerto esta opera en donde sus seis protagonistas deben destacar en este drama vocal.

 (Foto Brescia y Amisano)

Primeramente, tenemos como absoluta protagonista a SAIOA HERNANDEZ; una arrolladora Gioconda, que no solamente presenta volumen y temperamento sino un centro vocal que la transforma en una voz única e irrepetible, una voz que es la estrella en las grandes filas del canto de estos tiempos. Una voz difícil de encontrar pero que con su abanico de colores como de matices logra climas notables en su amplio registro. Pianísimos en colocación perfecta y vuelvo a comentarles el carácter de su voz, con su centro. Cuando uno esucha a Hernandez uno primeramente se impacta de su oscuridad y luego se entrega a sus pianísimos. Una verdadera Gioconda que, en mis casi 60 años de vida, nunca escuche de manera tan notable como segura en rol.

Daniela Barcellona, desarrolló una Laura, rica en contrastes, con una versatilidad en brillo que hizo el aplauso del público asistente. Su “Stella del marinar” fue conmovedora y bellamente ejecutada. Su dueto con Erwin Schrott (Alvise Badoero, el malvado marido de Laura), donde le ordena suicidarse al descubrir su infidelidad, fue uno de los platos fuertes de la velada. Schrott la persiguió físicamente, mientras ella corría a través de las paredes giratorias de gasa de su casa, amenazante, subiendo y bajando las escaleras, todo mientras ambos cantantes cantaban hermosamente y perfectamente sincronizados.

 (Foto Brescia y Amisano)
 (Foto Brescia y Amisano)

Roberto Frontali, como Barnaba (el villano de la obra), estuvo en demasía contenido en rol, con problemas notorios en entonación en el primer acto, luego fue subsanándose, para llegar a transformase en notable en su celebre aria “O monumento”.

El tenor italiano Stefanno La Colla (Enzo), tuvo una característica el de presentar un amplio squillo, aunque en centro y en matices es casi carente. En su conocida “Cielo e Mar” tuvo su momento correcto, pero no ideal (debo decir que la presencia de La Colla fue a último momento ya que Sartori por enfermedad no pudo estar en el elenco).

David Livermoore junto a su equipo han optado por respetar al detalle la trama y la ambientación veneciana, creando una Venecia onírica a través de una serie de referencias iconográficas y dramatúrgicas que van desde el cine hasta la pintura como el cómic. En la planta se puede sentir la atmósfera de la película. Casanova de Federico Fellini (1976), con su Venecia llena de sueños y pesadillas. Entre las referencias visuales más inmediatas está la “Venecia celestial” de Moebius, que dibuja una ciudad de ciencia ficción sin agua, pero al borde del hundimiento, una ciudad de canales metafísicos en los que las góndolas flotan en el vacío.
El trabajo escenográfico se realiza a través de una particular sensibilidad por la transparencia de los materiales, como si las superficies cambiaran de consistencia: los edificios (incluida la cúpula del Palacio Grimani pintada al fondo) están hechos de tul que aparece sólido o transparente según el iluminación. .
El vestuario mezcla diferentes épocas, eligiendo prendas de principios del siglo XX para los protagonistas, pero también del siglo XVIII para las máscaras y personajes de la ciudad. Mención aparte merecen las vestimentas de los asesinos de Barnaba, inspiradas en la Pulcinella de Tiepolo. Personajes grotescos y amenazantes, que recuerdan al vestuario de los protagonistas de La naranja mecánica de Kubrick.

En el podio estuvo Frederic Chasslin, quien, para la orquesta, tuvo una lectura de partitura ágil no pesada, sonando en su totalidad suntuosa, con un sonido fastuoso y tempos razonables.

En definitiva, para este “melómano errante”, la velada tuvo un esplendor vocal que hace tiempo uno no apreciaba en este tipo de opera dramática. SAIO HERNANDEZ, la gran GIOCONDA del S. XXI, la nueva DIVA de ALLA SCALA, en un conjunto vocal ideal que enmarcado en la propuesta presentada por Livermmoore, se convirtió en la gran noche de la opera.

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