viernes, 30 de enero de 2026
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Javier Camarena y el Mozarteum Argentino: Una Noche de Fuego Lírico en el Colón

LECTURA RECOMENDADA

Recital de Javier Camarena, tenor. Ángel Rodríguez, piano. Arias y canciones de Bononcini, Gluck, Häendel, Donizetti, Rossini, Massenet, Verdi, Tosti, Serrano, Sorozabal. Fotos: gentileza Liliana Morsia, Mozarteum Argentino. Nuestra calificacion: muy bueno

Parte I: El crítico académico se acomoda los lentes

En un tono que evoca los tratados musicales del siglo XIX, tan rigurosos como soporíferos, el concierto del tenor mexicano Javier Camarena, acompañado por el pianista Ángel Rodríguez, merece un análisis detallado que, aunque exhaustivo, corre el riesgo de sepultar al lector en un mar de tecnicismos y formalidades.

El programa, cuidadosamente diseñado para abarcar desde el barroco hasta la canción popular latinoamericana, buscó exhibir la versatilidad de Camarena, pero no estuvo exento de irregularidades que reflejan una voz en proceso de adaptación a un repertorio en expansión. Esta primera parte, escrita desde la perspectiva de un crítico «antiguo«, prioriza la precisión sobre la pasión, resultando en un examen que, aunque válido, carece de vida.

La velada abrió con Vado ben spesso cangiando loco de Bononcini, donde Camarena ofreció una articulación precisa y un legato funcional, aunque sin la chispa vital que la obra requiere. En J’ai perdu mon Eurydice de Gluck, el timbre lírico mostró proyección y control, pero la expresividad emocional quedó rezagada. La interpretación de Ombra mai fu de Händel fue cálida y estilísticamente respetuosa, pero faltó profundidad en los registros graves.

El bloque napolitano marcó un punto de inflexión. Me voglio fa’ na casa y La danza exhibieron energía y desparpajo, aunque con alguna pérdida de precisión en los ornamentos. El Spirto gentil de Donizetti reveló incomodidad vocal y vibrato inestable, mientras que el Pourquoi me réveiller de Massenet fue una apuesta arriesgada que no logró la intensidad esperada.

En La mia letizia infondere de Verdi, Camarena recuperó dramatismo y soltura, brillando con un legato bien trabajado. Las canciones Aprile y Apri! trajeron delicadeza y simpatía escénica, mientras que Vorrei morire y Chitarrata abruzzese cerraron con frescura, aunque sin lograr disipar la sensación de recital desigual.

Javier Camarena (Tenor), Angel Rodriguez (pianista)

El segmento de zarzuela trajo aire fresco: La roca fría del calvario y No puede ser permitieron a Camarena mostrar proyección, pasión y comunicación escénica. El cierre con canción popular —Flor de azalea, La malagueña, Ódiame y Cielito lindo— fue un derroche de virtuosismo y carisma, aunque los tangos Uno, Volver y Por una cabeza resultaron una concesión forzada al público local.

El pianista Ángel Rodríguez acompañó con precisión, aunque en los pasajes más líricos se echó de menos un mayor diálogo con la voz.


Parte II: El Dr. Merengue toma la palabra (¡y la guitarra también!)

¡Basta ya de tanta solemnidad polvorienta! Estoy harto de este análisis que parece escrito por un bibliotecario del siglo pasado, contando semicorcheas como si fueran granos de arroz. Aquí entra en escena mi otro yo, el Dr. Merengue, con una opinión que no se guarda nada y que corta como un buen chile serrano.

¡Por todos los mariachis, Javier Camarena, qué te pasa, hombre! Tienes una voz que podría hacer temblar los volcanes de México, pero te empeñas en pasearte por terrenos que no te sientan como anillo al dedo. ¿Pourquoi me réveiller? Más tieso que un turista en el Zócalo. ¿Spirto gentil? Como si cantaras con sombrero de charro en París. ¡No, Javier, no! Tu alma es puro fuego mexicano, y cuando te dejas llevar por eso, el mundo se rinde a tus pies.

Mira, el programa tuvo sus momentos. Cuando cantaste La danza, el teatro se encendió. Y en La malagueña, ¡válgame Dios! Esos agudos en pianissimo fueron como un rayo que nos dejó con la boca abierta. Cielito lindo fue una fiesta, y Flor de azalea me hizo querer sacar el tequila y brindar por Jorge Negrete. Hasta Ódiame por piedad —ese vals peruano de despecho glorioso— fue un acierto.

¿Pero los tangos? ¡Ay, Javier, por qué! ¿Por qué arremetes con Uno, Volver y Por una cabeza como si fueras el sucesor de Gardel? El público argentino te aplaude, claro, porque son de ley, pero no necesitas disfrazarte de porteño para conquistarlos. Canta Adelita, El Rey, México Lindo y Querido, que hasta la mismísima Adelita se derretiría con esos agudos tuyos.

Las zarzuelas, ¡de lujo! Ahí sí que Camarena mostró pasión, convicción y maestría vocal. Y en La mia letizia infondere, ¡por fin!, vimos al volcán asomar por entre las partituras.

Pero, como dice el Dr. Merengue:

🎶 Canta lo que te quema el pecho, hombre.
Con tu voz de relámpago, no necesitas tangos ni óperas francesas para conquistar el mundo.
¡Que viva México, y que Adelita te inspire la próxima!

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