- Eva Perón: Rachel Zegler. Che: Diego Andrés Rodríguez. Juan Perón: James Olivas.
- Agustín Magaldi: Aaron Lee Lambert. La Amante / Alterna Eva: Bella Brown.
- Director: Jamie Lloyd. Coreógrafo: Fabian Aloise. Teatro: London Palladium. Nuestra calificacion: regular
Hay producciones que nacen con vocación de homenaje, otras que intentan revisitar un mito… y después está esta nueva Evita presentada en el London Palladium Theatre, dirigida por Jamie Lloyd, que llega con la arrogancia de quien cree que “reinterpretar” es sinónimo de profanar. Un obra reestructurada musicalmente en donde uno ve y escucha una proyeccion de la vida de esta Santa o Pu.. , que ha dividido al pueblo argentino y que anteriormente se la hacia de una forma, y ahora con esta corpiños y calzones al viento uno se pregunta, se puede hacer algo más ofensivo…
Lo que aquí se ofrece no es una relectura: es una traspolación absolutamente vulgar, un vaciamiento estético y conceptual que reduce a Eva Duarte de Perón —una figura cargada de historia, grieta, mito y contradicción— a un artefacto escénico diseñado para impactar sin pensar.
Y sí, podrán encandilar al público con luces inteligentes… pero lo que se ve sigue siendo un basural de carne, eso sí, con buena iluminación.
Una dirección que confunde minimalismo con vaciedad
Jamie Lloyd, tan celebrado por su estilización casi quirúrgica, aquí cae en la trampa de su propia fórmula:
todo es tan minimalista, tan despojado, tan “contemporáneo”, que termina hueco.
El gesto se vuelve tic, la idea se convierte en truco, la estética en un decorado conceptual incapaz de sostener un relato que exige complejidad y contexto.
Evita no necesita solemnidad, pero tampoco merece esta banalización grotesca.
Un elenco talentoso al servicio de un concepto pobre
El reparto —de primera línea— queda atrapado en la telaraña de una dirección que no les permite construir personajes sino vehículos de impacto visual:
Rachel Zegler, de brillo vocal impecable, encarna una Eva de superficie, una heroína vaciada por el concepto. Diego Andrés Rodríguez compone un Che atrapado en la caricatura fría del distanciamiento permanente. James Olivas como Perón ofrece solidez vocal, pero su personaje queda reducido a la sombra de un arquetipo sin matices. Aaron Lee Lambert y Bella Brown completan un elenco cuya entrega no alcanza para compensar la pobreza de lectura política y humana de la puesta.
La responsabilidad no es del elenco: es del molde en el que los obligan a encajar.
Cuando el concepto devora al personaje, no hay actor que sobreviva intacto.
La ofensa cultural
Y aquí radica el problema más profundo:
El musical de Lloyd Webber ya es una mirada extranjera, simplificada y polémica sobre un personaje argentino. Eso se sabe. Eso se acepta. Eso se discute.
Pero esta versión de 2025 excede la simplificación y cae en la burla ignorante, esa que hiere porque no solo desconoce: también insiste en exhibir su desconocimiento como si fuera virtud.
Tomar a Eva —santa, demonio, mito, herida— y convertirla en una postal conceptual para consumo europeo es una falta de lectura histórica.
Pero hacerlo desde la vulgaridad, desde la deshumanización convertida en espectáculo, es una falta de respeto para la Argentina toda.
Para un país que todavía debate la figura de Eva con pasión visceral, con amor y odio, con lágrimas y bronca…
ver este basural estetizado ofende.
Y sí, que la iluminación sea buena no cambia nada.
En un basural, por más LED que le pongan, la basura sigue oliendo igual.
