Buenos Aires, 10/IV/2026, Sala Casacuberta (Teatro General San Martín). Numancia, de Miguel de Cervantes. Versión y direcciónJosé Luis Alonso de Santos.Dirección adjunta Pepa Pedroche.Diseño de escenografía Ricardo Sánchez Cuerda. Diseño de iluminación Juan Gómez-Cornejo (AAI), Ion Aníbal (AAI). Diseño de vestuario Elda Noriega (AAPEE).Música original José R. Jiménez. Ayudante de dirección Lucía Bravo. Elenco: Arturo Querejeta, Javier Lara, Jacobo Dicenta, Pepa Pedroche, Karmele Aranburu, Manuel Navarro, Carlos Lorenzo, Jesús Calvo, David Soto Giganto, Ania Hernández, Jimmy Castro, José Fernández, Carmen del Valle, Esther del Cura, Carlos Manrique, Pepe Sevilla, Alberto Conde, Guillermo Calero, Esther Berzal. Sala Casacuberta (Avda. Corrientes Corrientes 1530). Horarios: desde el miercoles 8 al sábado 11 a las 20,30 y domingo 12 del corriente a las 19,30. Nuestra calificación: buena.
Traer Numancia a Buenos Aires no es un gesto menor. La tragedia de Cervantes exige un dispositivo escénico monumental, un manejo coral preciso y un trabajo gestual y espacial que sostenga su dimensión épica. La producción internacional presentada en la Sala Casacuberta del Teatro General San Martín tiene una nobleza evidente en su intención: honrar el texto, preservar la palabra y recuperar la solemnidad de un clásico fundacional.
Sin embargo, su llegada a Buenos Aires revela contradicciones espaciales y estéticas que condicionan de manera visible el resultado final.
Un planteamiento escénico concebido para otro espacio
En origen, el planteamiento escenográfico —firmado por Ricardo Sánchez Cuerda— parece ideal: un muro monumental, dispositivos móviles, zonas de tránsito, alturas y un concepto que respira amplitud. En un escenario de gran boca, ese diseño funciona con naturalidad, envolviendo la acción y amortiguando los mecanismos técnicos.
Pero la Sala Casacuberta es otra cosa:
su boca más estrecha, su profundidad limitada y su visibilidad frontal extrema generan un efecto imprevisto.
Lo que debería ser solemnidad monumental se transforma, aquí, en despojamiento involuntario.
Como consecuencia:
- Los practicables y los retenedores de movimiento quedan expuestos al público, revelando engranajes, trabas y apoyos que deberían permanecer ocultos.
- La famosa muralla de Numancia, orgullo del diseño original, muestra a la vista su articulación, cables y mecanismos, perdiendo la magia simbólica que se le supone.
- La iluminación, pensada para volúmenes más amplios, se vuelve irregular, sin la prolijidad requerida para modelar atmósferas en esta sala específica.
No son errores de concepto: son errores de traducción espacial.
Es una obra creada para un escenario de gran escala que, al aterrizar en la Casacuberta, exhibe su tramoya y sus costuras. En un teatro con la jerarquía del San Martín, esa exposición genera desconcierto.
Dos interpretaciones sobresalientes en medio de un coro declamatorio
En este marco, destacan con claridad dos interpretaciones: Arturo Querejeta (Teógenes) y Javier Lara (Escipión).
- Querejeta brilla con un dominio del verso cervantino excepcional: lo piensa, lo respira y lo hace natural aun en la solemnidad.
- Lara compone un Escipión de una inteligencia casi quirúrgica, sólido, sobrio y dueño de un fraseo impecable.
Ambos sostienen la obra, elevan la palabra y dotan de humanidad al dispositivo estático.
El resto del elenco: Jacobo Dicenta (Covino, voz en off), Pepa Pedroche (La Fama, madre con hijos), Karmele Aranburu (España, numantina), Manuel Navarro (Marquino), Carlos Lorenzo (Delegado del pueblo, hambre), Jesús Calvo (Mario), David Soto Giganto (Yugurta), Ania Hernández (Lira), Jimmy Castro (Morando, soldado romano), José Fernández (Leandro, soldado romano), Carmen del Valle (La Guerra, numantina), Esther del Cura (Virino, numantina), Carlos Manrique (Muerto, río Duero, numantino), Pepe Sevilla (Servio, numantino), Alberto Conde (Consejero, soldado escolta), Guillermo Calero (Soldado romano, numantino) y Esther Berzal (Numantina) — numeroso, comprometido y profesional— trabaja dentro de un código muy concreto: la declamación frontal, casi como un coro griego, más ritual que dramático. Es una elección estética válida, pero su efecto acumulado genera cierta uniformidad expresiva.
Dicción, idioma y recepción: una tensión entre España y el Río de la Plata
El respeto por Cervantes es incuestionable. La voluntad de honrar su lengua, también.
Pero surge una pregunta legítima:
¿hasta qué punto esta forma de decir el verso funciona para un público rioplatense?
En más de una ocasión, la dicción española, extremadamente fiel a la métrica y al arcaísmo textual, volvió difíciles de comprender ciertas frases, impidiendo capturar la precisión del pensamiento cervantino. Lo que en España fluye como patrimonio natural, en Buenos Aires puede percibirse distante o excesivamente críptico, especialmente sin apoyos actorales más dinámicos.
No es falta de profesionalismo; es una tensión cultural.
Una propuesta valiosa, pero que invita a esperar una nueva aproximación
Numancia es, sin duda, una propuesta buena, cuidada y noble.
Respeta el texto, respeta al público y respeta la tradición.
Pero entre la adaptación espacial problemática, la exposición involuntaria de recursos técnicos, el estatismo general y la dificultad de comprensión en ciertos pasajes, uno se queda preguntando si no será necesario —más adelante— un regreso del texto con:
- un enfoque contemporáneo,
- una teatralidad más viva,
- y una aproximación lingüística más accesible para el público argentino actual.
Una versión que mantenga la grandeza, sin perder la recepción.



