viernes, 12 de julio de 2024
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Mamma Mía, el musical: sobre las olas del Riachuelo…

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Autores: Catherine Johnson (libro) y Benny Anderson y Bjön Ulvaeus (música y letras). Traducción y adaptación: Marcelo Kotliar. Dirección general: Ricky Pashkus. Dirección musical: Gaspar Scabuzzo. Dirección vocal: Matías Ibarra. Elenco: Florencia Peña, Malena Ratner, Alejandro Paker, Alejandra Perlusky, Lula Rosenthal, José Giménez Zapiola “El Purre”, Leo Bosio, Pablo Silva y otros. Escenografía: Mauricio Moriconi. Iluminación: Anteo Del Mastro. Vestuario: Alejandra Robotti. Coreografía: Vero Pecollo. Sonido: Gastón Briski. Teatro Coliseo (Marcelo T. de Alvear 1125). Funciones: miércoles, jueves y viernes a las 21, sábados a las 18 y a las 21, y domingos a las 17 y a las 20. Nuestra opinión: muy buena

En una tarde desapacible de otoño porteño, fuimos invitados a la boda de Sophie y Sky, una joven pareja que celebra su amor en un pequeño hotel situado en una idílica isla griega, propiedad de Donna, la madre soltera de la novia… En un intento por descubrir quién es su verdadero padre, Sophie decide invitar a tres hombres que podrían serlo, con la esperanza de que uno de ellos la acompañe al altar. Paralelamente, Donna convoca a dos amigas de su juventud, exmiembros de su banda musical, Donna y las Dynamos…

Montar un clásico musical como “Mamma Mia” siempre supone un reto significativo. Las comparaciones con interpretaciones previas son inevitables, y cualquier fallo es rápidamente percibido por el público, haciendo que cada elemento de la producción deba estar cuidadosamente pensado. Esta versión argentina intenta ofrecer una propuesta fresca y localista, en contraste con anteriores montajes como el de Robert McQueen y Rocío Rodríguez Conway en 2012, con Marisol Otero en el rol principal.

Sin embargo, uno de los aspectos más notables y discutibles de esta puesta en escena es su escenografía, planteada por Marcelo Mariconi, quien apostó por una simplicidad reminiscente de Santorini fusionada con elementos de Andalucía y La Boca. La escenografía resulta insuficiente para un espectáculo de tal envergadura. Los cambios de escena son mínimos y manuales, lo que resta dinamismo y fluidez al desarrollo de la historia. Esto se agrava por la falta de elementos escénicos que enriquezcan visualmente la obra, haciendo que la experiencia visual sea menos impactante que en otras producciones. Afortunadamente, el diseño de iluminación, planteado por Antea del Mastro, realiza un trabajo crucial, creando ambientes y rompiendo la cuarta pared para mantener la atmósfera viva. La iluminación es fundamental para crear el clima de cada escena, especialmente en el número final, que busca replicar el célebre ambiente de una discoteca. Sin embargo, en esta versión, el final se siente más como un «fin de fiesta» que la clásica discoteca de épocas anteriores, lo que puede desilusionar a quienes buscan una experiencia fiel a la original.

En cuanto a las actuaciones, Florencia Peña brilla como Donna. Su interpretación supera las limitaciones vocales, destacándose por su expresividad, trabajo corporal y coreografía. Peña logra aprovechar cada canción en la que participa, demostrando su calidad como actriz. Aunque sus guiños en demasia en el segundo acto a la audiencia recuerdan a sus papeles televisivos, logra una conexión especial con el público, haciendo que su actuación sea bien «madre argenta» y algun que otro personaje de la actualidad. Junto a Peña, Alejandra Perlusky y Lula Rosenthal encarnan con dinamismo y humor a sus personajes, logrando una sinergia efectiva y cautivadora. Perlusky y Rosenthal comprenden la esencia de sus roles, aportando un toque dicharachero y caricaturesco que añade una dosis de diversión y ligereza al espectáculo. Su química en escena con Peña es palpable, y juntas logran seducir al espectador sin problema. Entre los roles masculinos, Alejandro Paker se destaca por su interpretación matizada y convincente. Paker aporta profundidad y complejidad a su personaje, destacándose en cada una de sus apariciones. Leo Bosio y Pablo Silva cumplen con su labor, aunque sin llegar a opacar a Paker, quien claramente sobresale entre ellos. Cada uno de los actores tiene su momento para brillar, y aunque algunos podrían beneficiarse de un mayor desarrollo en sus personajes, en conjunto logran un desempeño sólido. Por otro lado, Malena Ratner, en el rol de Sophie, convence, aunque podría profundizar más en su actuación. Su interpretación apuesta por una ligereza amable, pero a veces termina por perderse detrás del resto de intérpretes. Ratner tiene el potencial para añadir más fuerza y presencia a su papel, lo que enriquecería aún más el conjunto del elenco.

La adaptación de “Mamma Mia!” ha sido llevada a cabo por Marcelo Kotliar, un nombre destacado en el mundo del teatro musical. Kotliar ha mantenido un respeto y fidelidad evidentes hacia el libreto original de Catherine Johnson, al tiempo que ha sido capaz de identificar y resaltar las escenas más emblemáticas de la historia. En sintonía con la dirección de Ricky Pashkus, esta producción se distingue por su enfoque contemporáneo, enérgico y localista, lo que es recibido con entusiasmo por parte del público asistente. Uno de los aspectos más polémicos y debatidos en esta versión argentina, como en las producciones anteriores, es la cuestión de si traducir o mantener las canciones en su idioma original. En esta ocasión, se ha optado por la traducción al castellano, lo cual es un acierto notable. La traducción de las canciones ha contribuido a que el espectáculo sea aún más accesible e inclusivo para un público amplio. Esto ha permitido que la audiencia se conecte de manera más directa con las letras y emociones de las canciones, aunque para aquellos que prefieren la autenticidad de las canciones en inglés, hay una sorpresa al final de la función.

En resumen, esta versión de “Mamma Mia!” presenta un marco escénico «desdibujado», pero se redime con actuaciones destacadas y una dirección que sabe captar la esencia del musical. El talento y la energía del elenco logran que el público disfrute de una noche a puro ABBA, llena de música, humor y emociones.

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