domingo, 25 de febrero de 2024
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Festival Rachmaninov #1 – Teatro Coliseo: una apertura entre cielo y tierra

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Festival Rachmaninov #1 – Teatro Coliseo: una apertura entre cielo y tierra

Los tres episodios de este minifestival, que conmemora el 150 aniversario del nacimiento de Rachmaninov, reúnen a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires dirigida por Srba Dinić y el pianista Nelson Goerner. El primer concierto es sobre todo una oportunidad para que todos estos protagonistas se orienten unos de otros:

Este festival se desarrolla de manera descentralizada en el Teatro Coliseo, como parte del ciclo “Colón en la Ciudad” que es uno de los lineamientos de la programación de la temporada 2023 del Teatro Colón.

Un coliseo para Rachmaninov

Podríamos preguntarnos largo y tendido sobre el interés de trasladar este Festival al Teatro Coliseo, una sala húmeda, poca acogedora y sobre todo inadecuada para la música sinfónica a nivel acústico. El argumento de la diversidad geográfica no es válido ya que apenas unos cientos de metros separan el Colón del Coliseo. La Usina del Arte habría estado más adaptada para permitir que otros barrios de Buenos Aires se beneficiaran de la realización de este evento, aprovechando al mismo tiempo otra sala gestionada por la Ciudad de Buenos Aires (como el Colón) mucho más adaptada al nivel acústico. El argumento del calendario y la ocupación de la gran sala del Colón tampoco parece admisible: ¿por qué reubicar dos de las tres fechas en las que este prestigioso espacio estaba disponible para acoger los dos primeros conciertos? La presentación del programa de la velada, que incluye el Concierto para piano No. 1 en Fa sostenido mayor, Op. 1, la pieza La Roca, poema sinfónico, Op. 7 y el Concierto para piano No. 4 en Sol menor, Op. 40, sufre inevitablemente las consecuencias de esta elección de ubicación. El espectador se enfrenta a un sonido opaco y seco, carente de calidez y ahogando ciertos rangos armónicos, particularmente en las filas de la orquesta. El revestimiento de madera curvado de las tres paredes que enmarcan a los músicos amortigua sólo parcialmente este efecto acústico que no permite resaltar completamente a los instrumentistas trabajando.

Rugidos y brillo de tierra

La dirección del maestro Srba Dinić es calma y serena desde el principio, desplegando acentos controlados, sin ambigüedades ni florituras gestuales. Bajo la batuta del director serbio, la OFBA ofrece cierta generosidad volumétrica, a veces incluso un poco excesiva, pero también carece de variedad e intensidad en los colores que emergen, particularmente para la interpretación del Concierto No. 1. Sorprende el contraste con el carácter extravagante de la interpretación del solista. La dirección se vuelve más envolvente para el tercer y último movimiento de esta misma pieza. Los impulsos de la orquesta, más vivaces en expresividad, se vuelven más francos.

Foto gentileza: Prensa Teatro Colón – Arnaldo Colombaroli

La interpretación de La Roca, mientras el solista está entre bastidores, demuestra una hermosa armonía general. La soberbia escarcha de los contrabajos, en toda la redondez de su gravedad, parece nacer de las entrañas de la tierra, pronto iluminada por la alegre farándula de la flauta travesera y luego unida por el brillo soleado del arpa. La vivaz percusión hace del poema sinfónico una pintura viva y reluciente. La orquesta y su director parecen encontrar una complicidad que beneficiará la interpretación del Concierto No. 4. Luego puede tener lugar un enfrentamiento entre el piano y la orquesta para esta última pieza. Surge una forma de equilibrio, que tal vez faltó un poco en el primer Concierto, aunque podemos lamentar una cierta rigidez en las filas de las cuerdas, tal vez atribuible a la acústica de la sala que tiende a aplastar ciertos efectos.

Virtuosidad celestial

El argentino Nelson Goerner, que toca de memoria sin una partitura delante, es uno de los mayores pianistas virtuosos del momento, como atestigua su brillante carrera internacional, especialmente en Europa. Las dos manos del pianista, desde el primer movimiento del Concierto No. 1 hasta los últimos compases del No. 4, nos recuerdan hasta qué punto la agilidad y volubilidad de su interpretación son la firma de un virtuoso que alcanza las alturas celestiales más inspiradas que existen. El solista, que despliega toda su sensibilidad a través del segundo movimiento del Concierto No. 1, sobresale también en la expresión de languidez: la altura de la muñeca ganchuda de la mano izquierda aporta sumo cuidado al acompañamiento de las notas finales.

foto gentileza: Prensa Teatro Colón – Arnaldo Colombaroli

La elegancia del toque con motivo del Concierto N°4 es siempre presente. La atención que el solista presta a la orquesta y a su director demuestra su capacidad de escucha y su aptitud, en el camino, para adaptar su interpretación: el cielo y la tierra no consigan fácil ni espontáneamente su punto de encuentro. El entrelazamiento de las líneas del piano y las de la orquesta es, pues, igualmente mérito del director y del solista, que finalmente encuentra algo para establecer un diálogo que hasta entonces parecía un poco inconexo.

Foto gentileza: Prensa Teatro Colón- Arnaldo Colombaroli

Toses intempestivas, teléfonos que caen, crujidos de envoltorios de caramelos, el público compensa estos malos hábitos con largos y cálidos aplausos que premian a los artesanos de esta velada, en particular, y bien merecido, a la atención de su compatriota Nelson Goerner. El Festival Rachmaninov va camino del éxito.

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