viernes, 12 de julio de 2024
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El Lohengrin, revolucionario de Serebrennikov en la Bastilla

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© Charles Duprat / Opéra national de Paris

La ópera de París recibió un tratamiento sensacional con la dirección de Kirill Serebrennikov en su producción de «Lohengrin» de Richard Wagner. Esta puesta en escena es particularmente conmovedora dado el contexto actual de tensiones en Rusia y Ucrania, y Serebrennikov aprovecha su destreza como director de teatro y cine para tejer una narrativa visual impactante a lo largo de la ópera.

La trama, extraída de cuentos medievales, se inicia con Elsa de Brabante, acusada de asesinar a su hermano menor Gottfried, el heredero de Brabante. Serebrennikov nos introduce en su mente desde el preludio orquestal, llevándonos a través de su vínculo amoroso con su hermano, vestido con uniforme militar, tal vez un joven recluta ruso. Este enfoque cinematográfico nos sumerge en un viaje donde la realidad se mezcla con la ilusión, y donde soldados desnudos emergen como espectros.

© Charles Duprat / Opéra national de Paris

La llegada de Lohengrin, el Caballero del Grial, en un barco tirado por un cisne, agrega un giro a la narrativa, representada por dos bailarines en la producción. Ortrud y Telramund se convierten en psiquiatras tratando los traumas de los personajes, y Lohengrin es un delirio en el que Elsa se refugia. El segundo acto muestra una clínica psiquiátrica antes de sumergirse en la realidad del frente de guerra, creando una poderosa transición.

Sin embargo, esta versión radical a menudo cae en clichés y complejidades innecesarias, distrayendo del drama wagneriano y dejando inconsistencias notables. El final, donde los personajes interactúan con un Lohengrin supuestamente imaginario, puede resultar confuso.

Musicalmente, la producción es excepcional. El elenco vocal se destaca, con la excepción de Johanni van Oostrum en el papel de Elsa, cuya voz velada y notas altas menos impresionantes afectan su actuación. Piotr Beczała brilla como Lohengrin, a pesar de las demandas escénicas, ofreciendo una pureza vocal divina. Wolfgang Koch se destaca en el papel de Telramund, mientras que Ekaterina Gubanova domina como Ortrud, aportando una emoción controlada y dramática.

El director de la orquesta británica Alexander Soddy, brilla en la dirección de esta nueva propuesta. Los Coros de la Ópera de París merecen un elogio especial, ya que, a pesar de la complejidad de la partitura wagneriana, se convierten en un pilar esencial de la producción.

En conclusión, una propuesta musical emocionante como de amplia jerarquía, en un marco escenico «revolucionario» que da pauta de reflexion ante el legado de Wagner y la «tradición»…

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