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CECILIA VALDÉS: CRÍTICA MUSICAL - TEATRO DE LA ZARZUELA 2020

Cecilia Valdés

 

Música, Gonzalo Roig. Libreto, Agustín Rodríguez y José Sánchez-Arcilla

Dirección musical, Óliver Díaz

Dirección de escena, Carlos Wagner

Escenografía, Rifail Ajdarpasic

Reparto: Elisabeth Caballero / Alaine Álvarez; Martín Nusspaumer / Enrique Ferrer; Homero Pérez-Miranda / Eleomar Cuello; Linda Mirabal; Cristina Faus; Yusniel Estrada

Orquesta de la Comunidad de Madrid

Coro Titular del Teatro de la Zarzuela

 

"El estreno de Cecilia Valdés en el Teatro de la Zarzuela es uno de esos acontecimientos que quedarán grabados, en letras de oro, en la historia de este coliseo. Llega por fin a la calle de Jovellanos la que, probablemente, sea la obra más simbólica del teatro lírico cubano del pasado siglo. Una zarzuela, sí, pero no cualquier zarzuela(...) (...) Su viaje hasta Madrid ha sido largo; han pasado casi ochenta y ocho años desde que su primera versión se diera a conocer en el Teatro Martí de La Habana un 26 de marzo, Sábado de Gloria de 1932. El mismo día, precisamente, en que los madrileños pudieron aplaudir arrebatados el estreno de otra comedia lírica fundamental para el devenir del teatro musical hispano: Luisa Fernanda."

Con estas palabras se abre el muy documentado y completo artículo, que el musicólogo Enrique Mejías García firma en el libreto editado por el Teatro de la Zarzuela de Madrid, con motivo del estreno madrileño de Cecilia Valdés, casi 88 años después de haberse estrenado su primera versión, y 59 de la definitiva.

 

Han pasado 45 años para su presentación española, en Avilés, Gijón y Córdoba, en revisión de Leo Brouwer, músico cubano muy vinculado a nuestro país. Ya en el siglo actual fue programada, en versión de concierto, en Granada, 2010, y Coruña, 2011.

Para estas puestas en escena o interpretaciones concertantes Cecilia Valdés ya contaba con una tercera versión y definitiva, realizada por su mismo autor, Gonzalo Roig, en 1961. Versión ampliada a 21 números musicales, algunos de ellos muy breves, y configurada en un prólogo, dos actos y epílogo. Antes de ello, en 1958, y en ocasión de ser representada en Cuba por el barítono español Alberto Aguilá, le había añadido una romanza para su lucimiento, con ritmo de bolero, procedente de otra de sus zarzuelas, El cimarrón, y una danza criolla.

Cecilia Valdés está considerada como la obra cumbre de la zarzuela cubana, aun cuando su gestación -o quizá por ello- no resultó fácil.

Basada en la novela Cecilia Valdés o la Loma del Ángel, de 1839, del escritor cubano e independentista Cecilio Villaverde, ya de por sí pasó a ser una de las más apreciadas de toda la literatura de la isla caribeña. Denunciar sobre las tablas la esclavitud de los nativos fue algo que comenzó a palparse, aun cuando habrían de pasar casi sesenta años para lograr la independencia de España.

Podría decirse que su argumento entronca muy de cerca con algunas de las zarzuelas de ambiente andaluz. En estas el señorito de turno juega a dos cartas, al estar prometido a una joven de su misma clase social y económica, y seducir a la gitanilla como mero pasatiempo. En aquella el señorito y su prometido son de idéntica condición, pero en lugar de gitanilla la engañada es una joven mulata.

Si la novela ya fue todo un hito, convertida en zarzuela un siglo después siguió el mismo camino, al denunciar públicamente, esta vez con música, el drama universal de la esclavitud y el machismo.

No obstante haber sido expulsadas las tropas españolas, en Cuba se siguió representando zarzuela, tanto de autores de la península como de los cubanos.

Las compañías de la "madre patria" no dejaron de lado la isla, en sus largas giras o temporadas por la América de habla hispana.

No en balde la gran mayoría de escritores y compositores cubanos, de los años 20 y 30 del siglo pasado, son hijos o descendientes directos de españoles.

Uno de ellos, y el más prolífico en zarzuela junto a Roig, fue Ernesto Lecuona, autor de María la O, El cafetal o Rosa la China, entre otras muchas, que pretendió antes de 1930 poner música a Cecilia Valdés, pero los herederos del autor de la obra literaria no lo autorizaron.

En su lugar Lecuona compuso María la O. Su estreno en 1930 fue todo un acontecimiento lírico en la isla. Ello pudo influir en el cambio de opinión de los herederos de Cirilo Villaverde, quienes sí autorizaron a Gonzalo Roig a componer la música y a los escritores José Sánchez-Arcilla y Agustín Rodríguez a adaptar la obra literaria.

El éxito alcanzado por la zarzuela resultó equiparable al de la novela años atrás. Hasta tal punto que el gobierno municipal de La Habana concedió a sus autores la medalla de oro de la ciudad.

Sin embargo, la última y definitiva revisión que Gonzalo Roig acometió de la obra, en 1961, no recibió el beneficio de una grabación discográfica hasta 1990.

Si bien las zarzuelas cubanas no han gozado del aprecio, ni han entrado en el repertorio de las compañías españolas -cuando estas existían- sí que son numerosas las romanzas o números musicales pertenecientes a zarzuelas, que alcanzaron popularidad más que notable.

Como ejemplos más significativos Siboney, de Ernesto Lecuona y Quiéreme mucho, del propio Gonzalo Roig.

La música de Cecilia Valdés es de una riqueza de inspiración muy alta. Destacan sus aires cubanos, sus habaneras y sus momentos africanizantes. Roig sabe combinar la inspiración popular con una técnica musical de primer orden y ofrece un resultado artístico que convirtió esta producción en una cima de la música cubana. No sé por qué nos la habíamos perdido en este teatro hermano que es la Zarzuela, pero al fin la deuda esta saldada.

La producción que firma en lo escénico Carlos Wagner y un excelente equipo de colaboradores no se va por las ramas y nos sumerge en una plantación de azúcar de aires caribeños que hace de la narración un personaje más. El cuerpo de baile y un grupo destacado de actores brindan lo que es un lujo teatral. La orquesta, que lleva Óliver Díaz, se transmuta en un combo latino de suma eficacia.

Queda el reparto que cuenta la historia. Cecilia es una mulata conducida al orfanato por orden de un padre rico propietario para tapar su falta. Al crecer, exuberante, se enamora del hijo del propietario, su medio hermano, tiene una hija con él y es abandonada, como corresponde, hasta que se desencadena el drama y un epílogo con milagro incluido que es lo que más rechina al público actual.

El papel de este símbolo de la “cubanía” es clave. La soprano Elisabeth Caballero, cubana como corresponde, ofreció en el primer reparto una versión muy notable de la infortunada heroína. Le da la réplica el tenor Martín Nusspaumer, excelente de planta y algo corto de cuerpo vocal, aunque parece adecuarse a lo timorato del carácter de este sinvergüenza colonialista. El resto del cuadrilátero, dos triángulos, en realidad, lo forman el barítono Homero Pérez-Miranda y la mezzo Cristina Faus. Muy bien situados en sus respectivos papeles como, realmente, la totalidad del reparto de esta producción modélica, de la que es de justicia señalar a Linda Mirabal en su papel de alucinada esclava liberada.

Una producción, en suma, de obligada visita por su calidad artística, su encaje en la historia de la música y la cultura cubana, y porque nos ofrece una apertura de campo de lo que fue la zarzuela en el área hispana. Muy tarde, quizá, pero bienvenida Cecilia Valdés.

 

Fundador y Director General:

Sergio Edgardo Sosa Battaglia

sergiososa@bybattaglia.com

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Director:

Julio Bravo

juliobravo@bybattaglia.com

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